Arte y millones, un vínculo que conquista el mundo

Muestras, ferias, dólares: el arte gana espacio en el campo de la cultura. En literatura, visitas y el papel de las mujeres.
jueves, 4 de enero de 2018 · 19:47

Arte, arte, arte, como dijo Marta Minujín. Hay que reconocer que la artista la vio venir: las artes visuales (que ahora se meten con todos los sentidos, a decir verdad) ocupan cada vez más espacio en el campo cultural. En tiempos en que todo se reproduce al infinito de una manera que parece gratis y que tantas cosas son digitales, es decir, intangibles, ¿cuánto vale un original-original? Y, en otro extremo: ¿cuánto vale una experiencia? Eso viene creciendo: originales con el "aura" de haber salido de la mano de grandes artistas y momentos vitales que, como decía la propaganda, no tienen precio. 

 

Arte y millones, un vínculo que conquista el mundo

Salvator mundi. La obra que Abu Dhabi compró en 450 millones de dólares. / DPA

 

De lo primero, la más alta muestra son los 450 millones de dólares que se pagaron por Salvator Mundi, un cuadro recientemente atribuido a Leonardo Da Vinci, no sin polémica. El arte sigue funcionando como "reserva de valor", una inversión. Y como los millones se tocan, la obra -una especie de megaestrella del arte- será exhibida en la sede que el Louvre abrió en Abu Dhabi, una especie de franquicia del gran museo francés en tierras de petrodólares. Días después de la venta del Leonardo se supo que el Departamento de Cultura y Turismo del emirato -que ya había pagado unos mil millones de dólares para tener su Louvre propio- había sido el comprador del cuadro.

 

Argentinos al mundo

Arte y millones, un vínculo que conquista el mundo

Embajada de arte. El stand argentino en la feria ARCO, de Madrid

Por eso, por lo de los millones, este febrero, en Madrid, la galerista Orly Benzacar decía: "No se trata de '¡Qué lindo el arte argentino!' Se trata de 'Qué lindo el arte argentino, ¿cuánto cuesta? Hay que medir el lado comercial". La Argentina había sido el país invitado a ARCO, la feria de arte de esa ciudad, una puerta a Europa.

En lo que fue su primera gran salida al exterior en el campo cultural, el gobierno invitó a doce galerías de arte, que a su vez eligieron a qué artistas pondrían en esa vidriera. La inversión, dijeron, fue de alrededor de 1,1 millones de euros y la propuesta -explicaba Inés Katzenstein, la curadora- era situarse más en lo contemporáneo que en la identidad. No fue convocada ninguna galería del interior, lo que despertó razonables críticas: ¿ninguna valía la pena? Y si así era ¿se tomaron medidas para sanar esta herida?

 

Impacto. La performance Under de si de Luis Garay y Diego Bianchi en Madrid.

 

 

De todos modos la feria anduvo bien. Se manifestó, en el arte argentino, la confluencia entre el arte y la palabra, como en los libros que Mirtha Dermisache (1940-2012) hacía con grafismos y que compró Eduardo Costantini, el dueño del Malba. O como en otro libro de artista, el de Alberto Greco. O en la obra que Fabio Kacero hizo escribiendo -con una letra idéntica a la de Borges- "Pierre Menard, autor del Quijote", el famoso cuento del autor. Hubo recorrida con reyes, charlas de Mauricio Macri con Mario Vargas Llosa y otro punto alto: la impactante performance Under de sí, que Diego Bianchi puso en el Matadero de Madrid y que dejó a más de uno con el corazón palpitando rapidito.

 

Dos artistas mujeres se hicieron ver en escenarios internacionales. Claudia Fontes fue elegida para representar al país en la Bienal de Venecia uno de los principales encuentros de arte del mundo. Es la creadora de la conmovedora Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez, la escultura de un niño que aparece y desaparece en el Río de la Plata, en el Parque de la Memoria. A Venecia llevó El problema del caballo, una instalación que ocupó 500 metros cuadrados, hecha especialmente para el pabellón argentino.

Arte y millones, un vínculo que conquista el mundo

El problema del caballo. La obra de Claudia Fontes que representó a la Argentina en la Bienal de Venecia./ DPA

 

La otra mujer fue la siempre presente Marta Minujín: durante meses juntó libros prohibidos en cualquier idioma y con ellos armó su Partenón en Documenta, la bienal de arte contemporáneo de Kassel, Alemania. Fueron 100.000 libros. Y aunque tuvo su controversia-en Buenos Aires, para recoger los libros, se instalaron containers similares a los de la basura- las fotos del último día en Kassel mostraban al público apretado entre las columnas, llevándose un ejemplar. Que se volviera a leer lo que se había prohibido, esa era la idea.

 

Y.. el mundo a la Argentina

Dólar más o menos barato, apertura al exterior, acuerdos: en 2017 grandísimos nombres del mundo del arte llegaron al país: casi todos ellos clavaron el ojo en temas sociales. Vinieron ellos, sus obras, a veces los dos. Uno fue el indio Anish Kapoor, que puso una montaña de tierra color rojo sangre nada menos que en el Parque de la Memoria. "Hay dos materiales realmente rituales: la sangre y la tierra. En un sitio como éste una de las cosas que pasan en la memoria, en la ausencia, en el deseo de devolver la existencia a los desaparecidos, es una especie de acto ritual del cuerpo", dijo

 

Otro artista internacional que pisó estas pampas fue el famoso disidente chino Ai Weiwei. Siempre activista, siempre en el filo -en su país fue preso, fue golpeado, le tiraron abajo un taller- armó una muestra en Proa, en La Boca, que empieza con 1254 bicicletas en la vereda y golpea cuando el visitante abre una puerta y se encuentra frente a -¿debajo de?- un bote negro de 14 metros de largo, sobre el que viajan 72 refugiados, unos muñecos negros enormes.

 

Sentirse parte. El bote que Ai Weiwei puso en la sala de Fundación Proa. /Martín Bonetto

 

 

Aterrizando con la alianza de arte y negocios, llegó a Buenos Aires "Art Basel Cities"; un programa organizado por la feria de arte más relevante, tanto por su prestigio (Basel, la feria que se hace en Suiza) como por su vertiginoso crecimiento económico en su sede de Miami.

 

Arte y millones, un vínculo que conquista el mundo

Boltanski. Sonidos de la Patagonia. / Martín Bonetto

 

El francés Christian Boltanski se ocupó de la experiencia. Montó en el Museo de Arte Decorativo una exposición -Take me (I’m yours), es decir, Llevame (soy tuyo)- en la que había una montaña de ropa usada, que los visitantes podían elegir para sí. Antes había estado en la Patagonia montando unas cornetas que, con el viento, reproducían el sonido de las ballenas. Eso, como videoinstalación, se vio en el Museo de Bellas Artes, pero formaba parte de BIENALSUR, un paraguas montado por la Universidad de Tres de Febrero, bajo el que se llenaron de arte treinta y dos ciudades de dieciséis países. En Buenos Aires hubo instalaciones en parques, en las escaleras de la Facultad de Derecho y una, que despertó polémicas, en el Palais de Glace: su fachada fue pintada a rayas y hubo vecinos que protestaron por la alteración del edificio. Se laudó volviendo a poner blanco el escudo nacional.

Con selección de Guillermo Kuitca, un grupo de obras de la colección Cartier de París ocupó el CCK en la muy espectacular Les visitants. Veintitrés artistas entre quienes se cuentan el cineasta David Lynch y la cantante Patti Smith que -crucemos los dedos- es posible que llegue al país en febrero.

 

Telarañas. En la exposicion de Saraceno en MAMBA

 

Un argentino que creció y vive afuera, Tomás Saraceno, llenó el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires de insectos: 7.000 arañas Parawixia Bistriata tejieron durante seis meses en una sala. La belleza y la sutileza de Cómo atrapar el universo en una telaraña quedarán en los ojos de quienes se acercaron a San Telmo a ver la obra.

De afuera también llegó el investigador Georges Didi Huberman, que puso, en el significativo espacio del Museo de la Inmigración (también de la Universidad de Tres de Febrero) la exposición Sublevaciones. Huberman es más que un curador y fue también, en junio, una de las estrellas de La Noche de la Filosofía, en el CCK: se agotaron las entradas para escucharlo en directo.

 

Ideas ideas ideas

Sí, además de arte arte arte. Dos encuentros de ideas se impusieron en la agenda, tal vez por la necesidad de entender un mundo que cambia muy rápido. Uno de ellos, en junio, fue La Noche de la Filosofía, organizado por el Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos (que encabeza Hernán Lombardi) en el CCK. Ahí hubo una videoconferencia de Slavoj Zizek, que postuló que "Todos los videojuegos donde el universo colapsa son una simple fantasía de regresar al orden que tenemos hoy en día, el mismo orden del cual todos los problemas como traumas, disfunciones, corrupción, desaparecen". Y Tomás Abraham habló de"El deseo de la revolución": "El deseo insiste a pesar nuestro: el deseo de revolución, un deseo de cambiar el mundo, de justicia, de hacerlo mejor, de denunciar todo tipo explotación", dijo. Alejandro Katz se ocupó de la posverdad y Néstor García Canclini de la ciudadanía. Los micrófonos anduvieron detrás de la antropóloga Rita Segato, que cacheteó: "El criollo que funda nuestros Estados independientes en el siglo XIX es un varón xenófobo, homofóbico y misógino. Ese matagatos declarado (...) es un varón inseguro que, por lo tanto, siempre sobreactúa sus rasgos masculinos".

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DIscusión. Gérard BIard, Petrella y Tariq Ramadan en el encuentro "Ideas". /Prensa

 

En septiembre hubo otro encuentro: "Ideas. Pensemos juntos el futuro", organizado ahora por Iván Petrella, en ese momento parte del Ministerio de Cultura de la Nación, al mando de Pablo Avelluto. Gérard Biard, director de la revista Charlie Hebdo -atacada por Al Qaeda en enero de 2015- fue uno de los nombres más convocantes y el punto más alto del encuentro fue su charla con el intelectual musulmán Tariq Ramadan, que le dijo que "Charlie Hebdo hace un humor de cobardes". Pero también pasó por ahí el polémico David Rieff, que viene cuestionando la memoria histórica desde su libro Elogio del olvido. Difícil de tragar en el país que llenó las calles cuando una ley de 2x1 amenazó con dejar libres a los represores de la última dictadura que tienen condena.

El escritor Sergio Ramírez -que meses después ganaría el Premio Cervantes- y la artista disidente cubana Tania Bruguera también estuvieron en ese escenario.

 

Libros: la hora de las mujeres y un best seller explosivo

Arte y millones, un vínculo que conquista el mundo

Margaret Atwood. La autora de "Alias Grace", una de las visitas del año. / Luciano Thieberger.

En un momento difícil para la industria editorial -cayeron la cantidad de ejemplares editados y las ventas- varias visitas resaltaron: Alessandro Baricco, Carlos Ruiz Zafón, Arturo Pérez-Reverte, Mario Vargas Llosa y John Katzenbach. Todos celebrados, aplaudidos, leídos. Hacia fin de año llegó Margaret Atwood, una autora que era un secreto que se pasaba de boca en boca, de libro en libro, y cuyo nombre se hizo popular cuando dos de sus novelas-Alias Grace y El cuento de la criada- se convirtieron en series, la forma de la ficción que manda en la época. 

A comienzos de año, el diario estadounidense The New York Times destacó a tres narradoras argentinas: Mariana Enríquez, Pola Oloixarac y Samanta Schweblin, quien, por otro lado, formaría parte la selecta lista de cinco finalistas al premio Man Booker. El foco internacional seguiría sobre las mujeres: hacia mediados de año, el diario español El País titularía "El otro boom latinoamericano es femenino" y, entre las argentinas, señalaría a las mismas tres escritoras, además de a Paula Porroni y a María Moreno.

Fue el año en que publicaron mujeres ya reconocidas como Claudia Piñeiro (Las maldiciones); Gabriela Cabezón Cámara (Las aventuras de la China Iron), Selva Almada (El mono en el remolino), Margarita Garcia Robayo (Tiempo muerto), Gabriela Massuh (Nací para ser breve) y Liliana Bodoc (Elisa, la rosa inesperada). Pero también surgieron nombres como el de Leila Sucari (Adentro tampoco hay luz), Vera Giaconi (Seres queridos) y Maga Etchebarne (Los mejores días). Agustina Bazterrica metió miedo con la sociedad literalmente caníbal que construye en Cadáver exquisito, la novela con que ganó el Premio Clarín.

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Agustina Bazterrica. Un libro en el que es habitual comer humanos. /Rubén Digilio

 

Claro que también se hicieron ver los libros de los varones: en su tercera novela, Un reino demasiado breve, Mauro Libertella se le anima al amor urbano y contemporáneo. Leonardo Sabatella salió con Tipos móviles; Horacio Convertini construye una distopía en Los que duermen en el polvo y Guido Carelli y Juan Manuel Bordón cruzan boxeo y política en una investigación: Luna Park. Pero tal vez uno de los mayores impactos lo haya dado Martín Sivak con El salto de papá, un libro sobre su padre, Jorge, que era banquero y comunista y se tiró de un piso dieciséis cuando él tenía quince años.

El libro más taquillero del año, sin embargo, no fue ninguno de estos sino La herida, donde Jorge Fernández Díaz sigue la historia de Remil, agente de los servicios de inteligencia y aprovecha a narrar sucesos que como periodista sabe pero no puede contar. El libro salió en noviembre y en menos de dos meses superó los 70.000 ejemplares, una enormidad para un sector acostumbrado a tiradas que pueden andar entre los 1.500 y los 3.000 ejemplares.

 

Arte y millones, un vínculo que conquista el mundo

Jorge Fernández Díaz. Triunfa con la segunda parte de las aventuras de un espía.

 

Mientras tanto en la Feria de Frankfurt, la más importante del mundo editorial, las grandes editoriales se atrevían a decir algo que hasta ahora se susurraba: han vuelto a invertir en ediciones impresas, que se siguen moviendo más que el libro electrónico.

Pero ojo, que aunque el pasado todavía muestre sus músculos, el futuro ronda y el día en que encuentre su forma, quién lo para.

 

 

Fuente: Clarín

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