La heredera de Harper Lee demanda a la versión Broadway de 'Matar a un Ruiseñor'

Los descendientes de la mítica escritora se preguntan por qué tiene la criada negra más protagonismo en la obra de teatro que en el libro.
jueves, 15 de marzo de 2018 · 18:41

Harper Lee (1926-2016) huyó asfixiada de Nueva York. Una ciudad a la que vino para convertirse en escritora de éxito. Pero, se marchó tras precisamente conseguirlo con su obra Matar a un ruiseñor (1961), trabajo fundamental en la literatura estadounidense. Esencial en las lecturas obligatorias de las escuelas para entender la historia de Estados Unidos.

Muy recelosa siempre en vida ante el uso de su obra. Tuvo numerosas tiranteces con los vecinos de su pueblo de Alabama, Monroeville, cuando consideró que intentaban hacer caja de forma desleal con la historia de Scout y su padre Atticus Finch, los principales personajes en los que basó su novela.

Todavía, sigue la saga de desencuentros por el trato recibido del trabajo de Harper Lee. Esta vez, en concreto, en la adaptación para la obra de teatro en Broadway, cuyo estreno está previsto para diciembre. El problema son las formas con Atticus, interpretado en el cine porGregory Peck en la película homónima de 1962. Tampoco gusta que haya personajes nuevos. Menos que Calpurnia, una mujer negra que trabaja en casa de la familia Finch, tenga más participación en la obra de teatro que en el libro.

Por todo esto, Tonja B. Carter, a cargo del patrimonio de Nelle, como llamaban sus familiares y amigos a la escritora, acaba de demandar en Alabama a Aaron Sorkin, celebrado guionista, que prepara la adaptación en Broadway.

Según la documentación presentada en Alabama, retrata a Atticus, abogado, que representa a un hombre negro acusado de forma injusta de violación, como si fuera un hombre inocente que pide disculpas por la situación racial de la sociedad. Y, según la heredera de Harper Lee, así no le quiso representar su gran amiga Nelle.

Lee, que murió a los 89 años, firmó el contrato de autorización para llevar su obra a Broadway en junio de 2015, ocho meses antes de su fallecimiento. Entonces, recibió 100.000 dólares por los derechos de producción. Justo después de sorprender al comunicar que iba a publicar la secuela de su gran obra, a la que se tituló Ve y pon un centinela. Más tarde, se supo que era en realidad un un borrador inicial de su celebrado trabajo.

A su decisión devolver a las librerías, le rodeó una gran polémica: no encajaba con el hecho de haber querido aislarse del mundo. Entonces, las sospechas recayeron sobre las motivaciones de su heredera, Tonya B. Carter. Y, ¿por qué no? Incluso, se llegó a especular con que intentaba aprovecharse de la circunstancia de que llevaba recluida años en una pequeña residencia de ancianos. Se abrió una investigación en Alabama, que determinase las facultades mentales de la autora ante la posibilidad de que la publicación pudiese ir en contra de su voluntad. Desconfiaban sobre todo los editores y libreros: Tonja B. Carter, que aseguraba haber descubierto el manuscrito en 2011, apenas conocía los detalles del texto.

Ahora con la nueva polémica, que surgió en febrero es ella la que tiene pegas sobre el tratamiento de los personajes, como se ha citado con anterioridad. Entonces, tuvo una acalorada discusión con el famoso productor Scott Rudin, a cargo de llevar la obra a Broadway. Según se puede leer en la demanda, le expresó "serias preocupaciones sobre el guión".

De momento, son los productores los últimos árbitros ante cualquier diferencia. Pero, las quejas se asientan sobre la base legal sólida apuntaladas por las líneas del contrato, donde se establece claramente que "la obra no menospreciará o se alejará en ninguna manera del espíritu de la novela o alterará los personajes".

Sin embargo, el Rudin, que va a llevar al trabajo a Broadway, argumenta que "no se puede y no se presentará una obra de teatro en el contexto racial del año en el que se escribió el libro". "El mundo ha cambiado desde entonces".

Y parece dispuesto a mantener el dedo en la llaga al recordar que no hubo problemas en la precuela de presentar a Atticus como un hombre mayor racista y segregacionista.

Fuente: El Mundo

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