Cine

Del cine al teatro: una moda que se afianza no solo en la Argentina

En el afán de garantizarse un éxito, los productores suelen mirar a la pantalla grande para hacer versiones escénicas de atractivas historias. 7 años con Miguel Ángel Rodríguez, Walter Quiroz, Florencia Raggi, Martín Slipak y Nicolás Scarpino
martes, 10 de septiembre de 2019 · 19:20

Que las historias pueden surgir de cualquier lado es cierto, una anécdota real que dispara una ficción, una novela que se transforma en obra teatral, obras de teatro que se trasladan a la pantalla grande y un largo etcétera de lo más diverso. Las diferentes ramas del arte se asocian para contar de otra forma el cuento y así darle otro color, llegar a otras edades, actualizar historias de antaño o simplemente como forma de buscar otros caminos narrativos.

Si el teatro tuvo durante más de dos mil trescientos años el dominio absoluto si de contar historias de forma audiovisual se trataba, durante el siglo XX conoció por primera vez el terror de perder ese podio. Primero llegaba el cine, luego la televisión que se metía directamente en las casas con una comodidad arrasadora. Y el teatro tuvo que ver cómo se las arreglaba. A simple vista, el cine con su tecnología tenía las de ganar. La relación estaba latente y entonces comenzaron a dialogar.

Hoy en día, en nuestra cartelera sobran los ejemplos desde hace ya un tiempo de películas que se convierten en obras de teatro. Departamento de soltero, basada en la película de 1960 de Billy Wilder, dirigida por Daniel Veronese y protagonizada por Nicolás Cabré y Laurita Fernández; La mujer de al lado, versión del film El hombre de al lado, de Cohn y Duprat, quienes también la dirigen en ambos casos; 7 años, basada en la película española homónima de 2016, que se estrenó vía Netflix y que el propio Veronese la versionó y la dirige. Pero hay más, Los puentes de Madison tuvo su versión teatral hace unos años, lo mismo sucedió con Atracción fatal, con Perfectos desconocidos (dirigida por Álex de la Iglesia), con Misery; y con musicales como Los productores, Sunset Boulevard y, más recientemente, Una vez en la vida (basado en la película irlandesa Once, de 2007) y Camarera ( Waitress, de Adrienne Sheilly, de 2007). En vacaciones de invierno estos casos abundan. Disney se sube a las tablas de todas las formas posibles, patinando, catando o simplemente reversionando sus clásicos. Esta temporada invernal no fue la excepción, aparecieron versiones teatrales de películas como El mago de Oz -en una puesta interactiva que incluía desde burbujas de jabón por los aires hasta la aparición de viento en momentos en que la historia lo reclamaba-, Madagascar, La Bella y la Bestia, y Disney On Ice, con sus números provenientes de las películas, por citar solo algunos ejemplos.

Griselda Siciliani, protagonista de La mujer de al lado

Griselda Siciliani, protagonista de La mujer de al lado Fuente: LA NACION

Es difícil precisar con exactitud el porqué de esta tendencia que también tiene su contrapartida: obras exitosas que pasan al cine, como Un dios salvaje, de Yasmina Reza, que fue versionada por Roman Polanski; Toc toc y El método Grönholm, es difícil de precisar con exactitud. En algunos casos, los títulos son ya tan conocidos por el gran público que su sola mención despierta profundo interés. En otros casos la historia por sus particularidades es absolutamente trasladable a las tablas.

Está claro que no se trata de una tendencia ni nueva ni local. En 2013, 20th Century Fox anunciaba una nueva empresa cuya misión era convertir en musicales una gran cantidad de filmes conocidos por todos. Y por supuesto, Disney lo hizo mucho antes con sus versiones de La Bella y la Bestia, El rey león, Newsies, Tarzán, La Sirenita, Aladdin, El jorobado de Notre Dame y Frozen. En la actualidad, en Broadway hay versiones teatrales de Beetlejuice, Tootsie, Moulin Rouge y Mean Girls, entre otras.

«Como productores de teatro estamos con las antenas puestas ante cualquier buen guión, venga de donde venga: novela, películas, lo que sea», cuenta Sebastián Blutrach, productor de la obra 7 años y además dueño de El Picadero. «Con respecto al cine creo que se dan dos fenómenos distintos. Por un lado, las películas que son de cámara, que tal vez no tienen una gran exposición pero que poseen mucha teatralidad por suceder todo en un mismo ámbito y en una misma línea de tiempo, que podría ser el caso de 7 años. Y por otro lado, otro tipo de films que han tomado un nivel de éxito, esos tanques de Hollywood que cualquiera volvería a ver un domingo a la tarde si la agarra en el zapping, como serían Los puentes de Madison o Atracción fatal, por mencionar algunas de las últimas remakes que se hicieron en teatro. Eso depende mucho de ese imaginario de las películas con que se quedó la gente y, por supuesto, con las figuras que las interpretan, que son el atractivo principal. Sucede esto de la misma manera que cuando hay un éxito teatral. En mi caso cercano me pasó dos veces: El método Grönholm y Toc toc fueron llevados al cine. Por lo tanto, creo que hay un ida y vuelta en la búsqueda de textos para ambas industrias».

Cabré y Fernández, en Departamento de soltero

Cabré y Fernández, en Departamento de soltero Fuente: LA NACION

Hace unas pocas semanas se estrenó en el Multiteatro La mujer de al lado. La versión femenina de la película de Mariano Cohn y Gastón Duprat, directores de cine y de televisión que incursionan con esta propuesta por primera vez en el teatro. Tiene como eje del conflicto la disputa entre dos vecinos que comparten medianera y un buen día uno de ellos decide hacer una ventana que se abre directamente en el living del otro. De la mano del productor Tomás Rottemberg, la idea de transmutarla hacia un conflicto entre una vecina (Griselda Siciliani) y un vecino (Germán Palacios) fue de los tres. «Me gustó mucho acompañar el debut teatral de Cohn y Duprat -cuenta Rottemberg con la misma responsabilidad y amor por el teatro que su padre-. No me resulta menor que se trate de autores nacionales con tanto impacto en el cine y en la televisión. Decidimos volcarla más hacia la comedia y quitarle algo de esa oscuridad tan preponderante en el film. Por supuesto que esas zonas de incomodidad están en la obra pero no son intimidantes sino que se hace foco más en las diferencias entre estos dos personajes, diferencias sociales por ejemplo, que llevan a una reflexión mucho más profunda sin perder la risa».

La temporada 2020 ya se empieza a preparar. Y, como es de esperar, no estará exenta de este fenómeno. Está confirmada la versión teatral de Conduciendo a Miss Daisy para comienzos del año próximo. Si bien la historia original se trata de una obra del dramaturgo norteamericano Alfred Uhry, alcanzó su popularidad por la versión cinematográfica protagonizada por Jessica Tandy y Morgan Freeman. En la versión local se escuchan rumores de que será protagonizada por Soledad Silveyra y Claudio Rissi aunque no está la confirmación oficial. Su directora será Corina Fiorillo y el productor, Javier Faroni, fanático en esto de hacer subir a las tablas películas: Extraños en el tren, 39 escalones, Cuando Harry conoció a Sally, El otro lado de la cama, Boeing Boeing, Flores de acero, Un día muy particular, Los puentes de Madison y Atracción fatal. «Me parece bárbaro que suceda este intercambio entre el cine y el teatro -opina Faroni-. Las lindas historias no son propiedad de uno u otro sino del autor o de la gente que lo recibe. Así como muchas historias de teatro pasaron al cine y muchas películas pasan al teatro. De hecho, muchas películas antes de estrenarse en cine han sido obras de teatro o novelas. No elijo una película sino una obra de teatro que casualmente fue película. No pienso si son películas o no, son historias maravillosas que me cautivan para hacerlas en el vivo del teatro y así empieza el proyecto. Lo digo con la tranquilidad de ser el productor, entre todos los colegas, que más obras de teatro hizo con respecto a que sean películas. Desde que produzco hace treinta años se me vinieron un montón a la cabeza. Pero nunca pensé en el cine sino en la historia».

El cine y el teatro pueden competir, dialogar, retroalimentarse, pelearse y volverse a amigar. La pantalla grande seguirá usando su maquinaria para mostrar con exactitud el cuento que narra. Por su parte, el escenario, seguirá perfeccionando sus técnicas de narración escénica para contar cada vez mejor, a través del buen uso de sus dos figuras retóricas: la metáfora y la metonimia, explorando así zonas poéticas, aludiendo en lugar de mostrar. En el teatro «menos es más» y lo no mostrado invita siempre al espectador a completarlo con su imaginación en un juego que le otorga un lugar de privilegio por el hecho de estar ahí, en vivo, conviviendo y compartiendo la escena como testigo de una función que será distinta a otra.

La mujer de al lado

De miércoles a domingos, en el Multiteatro.

7 años

De viernes a domingos, en el Picadero.

Departamento de soltero

De miércoles a domingos, en el Lola Membrives.

Fuente:Diario de cultura

 

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