14 DE FEBRERO

La fuerte reflexión de una trabajadora sexual contra el amor romántico

A través de una publicación en un medio internacional, Georgina Orellano, Secretaria General de AMMAR Argentina, reflexionó sobre el estigma social entorno al trabajo sexual y las afectaciones amorosas de quienes lo ejercen. "Sufrí más estando enamorada que trabajando de puta", escribió.
sábado, 16 de febrero de 2019 · 13:20

A través de una publicación en un medio internacional, Georgina Orellano, Secretaria General de AMMAR Argentina reflexionó sobre el estigma social detrás del trabajo sexual y las afectaciones amorosas de quienes lo ejercen. "Sufrí más estando enamorada que trabajando de puta", escribió.

Mirá la nota titulada bajo el nombre "Me dolió más amar que cobrar" que publicó la referente del gremio Ammar:

"¿Cuántas de nosotras hemos hecho cosas que no queríamos hacer con nuestras parejas, con el chongo, o con el pibe que nos gustaba?

¿Cuántas accedimos, cuando en realidad no teníamos ganas pero terminamos aceptando por la presión social de cumplir con el mandato patriarcal de ceder siempre ante el placer del otro?

¿Cuántas de nosotras dijimos “sí” cuando en realidad queríamos decir “NO”?

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¿Cuántas veces cedimos en nuestras relaciones hasta casuales e hicimos cosas que no deseábamos hacer?

¿Cuántas veces con él arriba, él abajo o en cualquier otra posición pensamos en las cuentas que teníamos que pagar, en nuestras responsabilidades al día siguiente, y en que acabe rápido así poder dormir y descansar?

Yo me sentí prostituta aún no ejerciéndolo. Y ya siendo trabajadora sexual aprendí a poner condiciones, a decir esto sí hago, esto otro no. Cobro tanto, voy a tal hotel, mi servicio dura tantos minutos.

A veces voy a trabajar sin ganas prefiriendo quedarme en mi casa, ¿a quién no le pasa?

A veces hasta proyecté soñar, encontrarme a mi cliente salvador y no trabajar más, flasheando príncipe azul, pero dándome cuenta que de igual manera iba a seguir trabajando para él, cediendo parte de mi autonomía económica y a pasar a depender. No era tan buen negocio.

También me enamoré, claro, si las putas también tenemos sentimientos, aunque esto no cabe en el imaginario social.

Sufrí un montón, lloré como una boluda, a mí también me rompieron el corazón y otras cosas más.

Feminista, puta organizada, mujer empoderada, así y todo caí en el régimen heterosexual y en las garras del amor romántico.

Sufrí. Cedí. Me olvide de mí, lo priorice a él. No negocie nada, a todo dije que sí, aunque no quería, aunque a veces no tenía ganas, sentí que ese era mi deber. Después volvía  a la esquina y se me pasaba, ahí todo negociaba, ahí decía que no, y había clientes que me respetaban.

Una vez uno de ellos me descolocó totalmente al decirme “yo te pago pero si disfrutamos los dos. Decime qué te gusta que te hagan y lo hago”. Por dentro mío pensaba “¿por qué estas palabras mágicas no salen del chongo que me gustaba en la adolescencia, de mi novio o hasta del padre de mi hije?

¿Por qué me pasa acá en mi trabajo, y no afuera del mismo?

Porque acá yo negocio, y atravesada por el amor romántico se me va el feminismo a la mierda y me garchó al patriarcado cumpliendo con el mandato de ceder frente a su deseo y placer, desde la gratitud y por amor. Servicio completo. Sexo gratis trabajo no remunerado. Siendo puta no le soy funcional, porque al patriarcado al menos le cobramos.

Sufrí más estando enamorada que trabajando de puta aunque los de fuera crean que en nuestras casas estamos a salvo y que los únicos machistas son los clientes de las trabajadoras sexuales.

La calle me dio esa libertad que en mi casa me prohibieron, la calle me enseñó lo que en mi casa ni se hablaba.

Aprendí a amar desde el desapego, deconstruyendo el amor romántico y aunque reconozco que me cuesta porque sigo atravesada por miles de prejuicios, déjenme decirles, hermanas, que amar desde el desapego al menos no duele tanto".

 

(Fuente: Nómada)

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