Filosofía

Un contexto saludable

Para que el contexto de habitabilidad del Sujeto, sea saludable, el atravesamiento o la invasión de ese contexto por el dogma o por los dogmas no debe capturar el Lenguaje. Si esos dogmas capturan el Lenguaje, perturban el Pensamiento. Una deficiencia en el Lenguaje es una deficiencia en el Pensamiento.
lunes, 27 de agosto de 2018 · 20:59

Para que el contexto de habitabilidad del Sujeto, sea saludable, el atravesamiento o la invasión de ese contexto por el dogma o por los dogmas no debe capturar el Lenguaje. Si esos dogmas capturan el Lenguaje, perturban el Pensamiento. Una deficiencia en el Lenguaje es una deficiencia en el Pensamiento.

“Las formas del pensamiento están ante todo expuestas y consignadas en el lenguaje del hombre”- Hegel

La invasión por el dogma o por los dogmas del contexto de habitabilidad del Sujeto es inherente al sistema de convivencia en que vivimos (poder económico, poder político e Imaginario Social). Y la captura del Lenguaje por esos dogmas, es vulneración de la Subjetividad. El individuo tiene, entonces, una mirada de su mundo y de la mundaneidad (intersección con el mundo del otro) desde esa situación. No “desde ahí”, porque no constituye su “ahí”. No constituye su “ser-ahí”.

En el territorio público que es donde se desarrolla individuo debe estar vigorizada la razón. No debe ser invadido por el dogma. (Cuando hablo de “razón”, no me refiero a racionalización, ni a la razón científica, eso es un reduccionismo. Recuerdo a Humberto Maturana cuando dice: “No se puede llegar a la razón sin pasar por la emoción. Me refiero al ejercicio de Aletheia: esa especie de cascada de velos deslizándose para que las cosas se manifiesten, se hagan patentes, se revelen. Me refiero al “darse cuenta”)

Todo lo público es invadido por el dogma religioso, primero. El más dañino de los dogmas. La escuela pública y laica, con prácticas y sentencias religiosas, la plaza, las calles, los edificios públicos con nombres y estatuas de santos y de vírgenes. Desconocen que la creencia religiosa sea del orden de lo privado.

Es común, en el curso de cualquier diálogo, el uso de frases como: “te voy a confesar algo……”, cuando alguien va a contar algo a otro. El uso de “perdón”, que sustituye o representa una actitud de amabilidad. “La esperanza es algo que no hay que perder”, y “esperanza” es un artificio que fuga de lo humano, es una palabra vacía. En ese vocablo no hay “Yo” ni hay “Voluntad”. Estos como ejemplos del traslado de términos del dogma religioso al territorio de lo público.

Es común decir y escuchar: “Tal o cual cosa nos enriquece”. ¿Qué significa: que nos enriquece? ¿Cómo usan el significado de “enriquece”? “enriquecerse”, “enriquecido” son términos del mercado, del positivismo, del capitalismo. Ahí es dónde: “mejor el enriquecido”, hay una meta (que ya es una enajenación) y esa meta es enriquecerse. Esto es un traslado de un significado del ámbito de mayor daño al territorio de lo público.

Y con la sobremodernidad, hay un traslado de significados de lo humano a la máquina y de la máquina a lo humano. Hay software “amigable”, hay pantalla “inteligente”, hay máquinas con “memoria”.  

Y la máquina monopoliza el Lenguaje.

Esa invasión en el territorio público que es donde el individuo se desarrolla, se extiende al territorio privado. O sea, que todo el contexto de habitabilidad del individuo es dispuesto por esa exterioridad, para negar la construcción de Sentido.

En un contexto no saludable, no es posible la constitución del Sujeto del Sentido.

“La Palabra es la morada del ser”-Martin Heidegger

La Salubridad del Hombre es una sola: es la interioridad exterior y es lo exterior de nuestra interioridad.

Miguel A. Montoya Jamed

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