EL NIDO DEL ÁGUILA

Los secretos del faraónico refugio de Hitler

Situado en la cima de una montaña de 1.834 metros en los alpes suizos, le costó al Tercer Reich el equivalente a 150 millones de dólares.
martes, 24 de septiembre de 2019 · 16:12

Los turistas que acuden a esa zona de Baviera, saben que la Kehlsteinhaus o El Nido del Águila es un lugar de visita obligado. Una casa alpina en un lugar inverosímil. En la punta de una montaña que parece inaccesible se levanta la vivienda. Lujosa, confortable, sólida pero nada excepcional. Sin embargo, su historia y el hecho de que todavía se mantenga en pie sí son extraordinarias.

Esta casa, inaugurada en 1939, fue construida contra reloj. Nadie pensaba que los plazos se iban a cumplir. Pero llegar a tiempo era parte fundamental del proyecto. Era el gran regalo, fastuoso y desmesurado, que Martin Bormann había pergeñado para su jefe, Adolf Hitler. Su homenaje por los 50 años del Führer (aunque formalmente el regalo lo hiciera el Partido Nazi a su líder).

 

A una decena de kilómetros de Salzburgo, a 1.834 metros de altura, esta casa fue pensada como un lugar de descanso para Hitler; también deseaban destinarla al uso de mandatarios extranjeros que lo visitaran en su residencia de retiro.

Bormann quedó fascinado con la dificultad que el proyecto presentaba. Todo estaba por hacerse. Caminos para acceder a la base, perforar la montaña, llevar los materiales para la casa hasta la cumbre. El tiempo apremiaba. Parecía imposible que se llegara antes del aniversario de Hitler. Sin embargo la obra estuvo terminada puntualmente. El costo fue altísimo. Y no sólo en lo que se refiere a lo económico. Doce operarios murieron en el proceso. Bormann ordenó que se trabajara las 24 horas del día en varios turnos continuados. Por la noche unos precarios focos iluminaban las tareas.

Hubo que construir y asfaltar una ruta de más de 6 kilómetros, para eso se debió tallar la montaña, picar la piedra y alisar un terreno que parecía impenetrable, arreglar el sendero de la montaña que por un largo camino llevaba a la casa y disponer todo para instalar un ascensor para que Hitler llegara a la cumbre. Eso fue lo más costoso (y también la parte de la faena que más vidas se llevó). Hubo que perforar la montaña. Hacer una cavidad dentro de ella, un túnel vertical para que pasara el ascensor.

Se construyó un teleférico para hacer llegar los materiales a la cumbre. Se contrataron cientos de hombres para que acarrearan lo necesario para erigir la casa. Recibieron trato casi de esclavos debiendo soportar cargas y horarios de trabajo inhumanos. Se subieron bloques ya armados para acelerar los tiempos, como si se tratara de una vivienda prefabricada.

Se estima (un cálculo que en estos casos nunca es demasiado preciso pero que da una idea de la fortuna dispuesta por Bormann para su regalo) que se gastaron, a valores actuales, más de 150 millones de dólares. En el pueblo se hizo popular un chiste mientras veían pasar a los obreros, a los dirigentes que controlaban el avance de los trabajos y a los contratistas llegar con sus máquinas. Decían que era una situación similar a la de la fiebre del oro; llegaban día a día buscadores del metal precioso para que cambiara su vida. Pero que en vez de buscar oro en los cursos de agua o en las montañas sólo debían ponerse debajo de una ventana. No había que encontrar oro, sólo se debía esperar que Bormann lo lanzara por esa ventana.

Albert Speer dice en sus Memorias que “esa obra gigantesca que se realizó en la montaña, y a pesar de sus críticas ocasionales por todo aquel dispendio, era característica de la transformación que se había operado en el estilo de vida de Hitler, y también de su tendencia a aislarse más y más del resto del mundo. No se puede explicar sólo por su temor a sufrir atentados, pues casi todos los días permitía que miles de personas penetraran en el recinto para expresarle su adhesión”.

Fuente Infobae

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