OPINION

Alberto, Borges y la ballena

Una mirada posible acerca de las imágenes para imprimir los billetes argentinos, desde la recuperación de la memoria hasta la misión incumplida de los animalitos.
martes, 19 de noviembre de 2019 · 11:46

El presidente electo Alberto Fernández reconoció este fin de semana, en una entrevista con el diario Página 12, que le gustaría volver a ilustrar los billetes oficiales con figuras de la historia argentina, dejando de lado la etapa de los animales propios de la fauna nacional que fueron sustituyendo, en los años de gobierno macrista, a Nicolás Avellaneda, José de San Martín, Manuel Belgrano, Domingo Faustino Sarmiento, Eva Perón, las Islas Malvinas y hasta el poco defendible Julio Argentino Roca.

Dijo Fernández que, por supuesto, no es un tema prioritario. No podría serlo jamás, en un contexto de economía recesiva e inflacionaria, donde los billetes puestos en circulación por el Banco Central se devaluaron fenomenalmente en los últimos dos años, convirtiéndose en una moneda inviable para el ahorro. Nadie quiso, quiere ni querrá pesos argentinos, al menos durante un largo tiempo más. Distraerse en la discusión de qué figura se imprime en el anverso y el reverso resulta a todas luces un tema secundario.

Los defensores del catálogo de la fauna nacional en el papel moneda argentino sostuvieron y sostienen que fue un acierto erradicar a las figuras históricas, también llamados próceres, porque terminan dividiendo a la población por su ideología. Al fin y al cabo, salvo un par, ningún otro genera unanimidad de sentimientos. En un extremo parecen estar José de San Martín y Manuel Belgrano como intocables. En la otra punta, el siempre controvertido Domingo Faustino Sarmiento, tan celebrado por su fomento a la educación universal, pública, gratuita y laica, como rechazado por su desprecio al gaucho.

Sin embargo, pretender que los billetes de animalitos no generan discordia, porque en definitiva la naturaleza no es materia opinable, equivale a una gran falacia. Poner la fauna silvestre en sustitución de los intelectuales y libertadores fue toda una declaración ideológica de parte del equipo de gobierno de Mauricio Macri. Fue la fallida pretensión de despolitizar. En cierta manera, fue imprimir una mirada peyorativa sobre la historia argentina, muchas veces igualada a conceptos como "frustración". Fue uno de los tips recurrentes en el discurso presidencial de los últimos 4 años, aquello de salir de las décadas de fracaso. 

Entonces, visto desde ese punto, poblar de animalitos de colores supuso mucho más que un acto despojado de intencionalidad política. Todo lo contrario. Como lo sería también una medida opuesta, adoptada por Fernández. Los periodistas de Página 12 le preguntaron si pondría a Jorge Luis Borges o Alejandra Pizarnik en un billete de 100 pesos. Y él contestó afirmativamente. Y sumó a Cortázar y a Sábato. Lamentó que hayan desaparecido Evita, Sarmiento, Belgrano y San Martín. Y definitivamente le bajó el pulgar a la ballena, no porque el enorme cetáceo sea símbolo de una etapa política de la Argentina. Sería absurdo interpretarlo de ese modo. 

Debería sí entenderse que Fernández viene con una postura un tanto más flexible que la de su actual vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner. La temperamental expresidenta de la Nación dejó a la luz su poca afinidad con Sarmiento, sin ir más lejos. Fue ella quien promovió la aparición de Evita en el billete de 100 pesos por primera vez. Y de las Islas Malvinas también, como ratificación icónica del reclamo de soberanía sobre ese territorio del Atlántico Sur.

Alberto no pareció inocente al mencionar su lista de nombres, como tirada al azar. Volver a poner al prócer sanjuanino en las billeteras de los argentinos y las argentinas, a la par de San Martín, sería una declaración política. Hacerlo con Borges, ocasionalmente, también. Al fin y al cabo, todavía hoy al escritor le atribuyen aquella frase que decía: "los peronistas no son ni buenos ni malos, son incorregibles".

Interesante giro sería que por primera vez un presidente peronista se atreviera a cruzar esa frontera. Tal vez ese gesto minúsculo, lejos de lo urgente, pueda sintetizar el principio del cierre de la grieta. Todo aquello que los pobres animalitos, no pudieron.


JAQUE MATE