OPINION

La Iglesia gayfriendly

Con la llegada de Jorge Lozano, hubo una apertura hacia las chicas trans, dejando el catecismo explícito de lado. El debate abierto por la perspectiva de género.
lunes, 04 de noviembre de 2019 · 11:38

Detrás del concepto de país laico, de aquella canción popular que brega por "Iglesia y Estado, asuntos separados", se sabe que todavía el culto católico goza de un estatus político y social de efecto innegable en la historia argentina, incluso en pleno siglo XXI y a pesar de la crisis de fe, los escándalos del Vaticano y los sacerdotes condenados por pedofilia. La Iglesia ha soportado en distintos momentos situaciones que parecían terminales, pero siguió adelante a escala planetaria. Especialmente en Latinoamérica.

Entonces, partiendo de ese reconocimiento de que el culto católico influye en amplios sectores de la opinión pública, resulta particularmente interesante apreciar algunos giros de modernidad que desafían a la feligresía más ortodoxa, a reconsiderar sus posturas inflexibles. El dogma no se toca, pero los fanatismos cruzados tienen cada vez menos sustento en la cúpula arquidiocesana. Nunca cuadró mejor el refrán de que no cabe ser "más papista que el Papa".

Hablamos del propio arzobispo, Jorge Lozano, y algunas decisiones revolucionarias que, sin aspaviento, parecen bisagras en la trayectoria eclesiástica sanjuanina. Por instrucción suya, Cáritas abrió un espacio de contención para chicas trans y personas en general de la comunidad LGBT sanjuanina. 

Él mismo asistió a la primera reunión y después no volvió, para evitar que los encuentros se convirtieran en reuniones de catequesis. Lo definió como la acción de escuchar, de comprender y finalmente de ayudar. Colaborar para que estos seres humanos, muchas veces expulsados por sus propias familias e invisibilizados por una sociedad pacata y de doble cara, puedan vivir con dignidad. Esto implica, básicamente, que no tengan como único recurso el trabajo sexual. La prostitución de sus cuerpos, como único salvoconducto para la subsistencia.

Puede resultar difícil de comprender la aparente contradicción. ¿Cómo se vincula la Iglesia Católica con las personas trans, si al mismo tiempo rechaza la perspectiva de género en la educación sexual integral en las escuelas? Le hicimos la pregunta a Lozano y el obispo, hábilmente, usó una comparación explicativa.

Dijo que es como el hospital de campaña en situación de guerra. Cuando un herido se está desangrando, lo primero es resolver la urgencia. No es momento de tratarlo por otras patologías como una diabetes o incluso pensar en su salud bucal, con una ortodoncia. La explicación alude claramente a que hay un orden de prioridades. Entonces, aparece enseguida la necesidad de contener a las personas trans, por su sola condición de seres humanos. Así de sencillo. Sin siquiera correr el riesgo de contravenir los principios del cristianismo sino todo lo contrario. Es ponerse en el lugar del otro y tenderle una mano, sin pedirle explicaciones sobre su naturaleza.

Es un interesante primer paso. Pero llegará el momento en que el paciente, usando la comparación del obispo, estará fuera de riesgo. Y habrá tiempo para encontrarse con la esencia. Nuevamente resultará conflictivo darle un marco de comprensión fuera de la perspectiva de género, porque la realidad hace tiempo que dejó de ser única y aparecieron las realidades. El binarismo biologicista se aferra a los conceptos tradicionales, buscando encuadrar a la humanidad entera en esas categorías. Los resultados están a la vista.

Parece prematuro para darle un cierre a esta discusión. Tiene muchos capítulos por delante. Sin embargo, a todas luces la decisión de apertura de Lozano es un gesto cristiano y profundamente humanista. No hace falta ser creyente para valorar la acción. Aún incompleta, aún incierta hacia adelante. Interesante también, el mensaje para los católicos practicantes, de parte de esta versión de la Iglesia.


JAQUE MATE