OPINION

Sexo, mentiras y video

Existe cierta histeria en cuanto al manejo de las redes sociales y la realidad virtual que proponen. Por un lado, forma parte de lo cotidiano. Por otro lado, los límites no se perciben hasta que los contenidos saltan al mundo real, de carne y hueso. Hay consecuencias.
jueves, 05 de diciembre de 2019 · 12:51

Existe cierta histeria en cuanto al manejo de las redes sociales y la realidad virtual que proponen. Por un lado, se puede percibir una tendencia hacia tomar todo lo que ocurre ahí adentro de ese mundo recreado, como algo cotidiano, donde los límites están bastante desplazados de su lugar habitual. Pero, por el otro, esa permisividad que muchas veces los mismos usuarios tienen consigo mismos a la hora de publicar, se convierte en pánico cuando esos contenidos son replicados por un medio de comunicación.

Podemos graficar con un ejemplo cercano en el tiempo, ocurrido hace un par de semanas. Encaja perfectamente el video de los alumnos de la Escuela Modelo, que nació como un trabajo práctico de alguna cátedra y, avalado por la docente, satirizó el dolor del genocidio perpetrado por los nazis. La barbaridad cometida no alertó a nadie. Tanto fue así que los mismos estudiantes, superada la instancia interna de la materia y obtenida su calificación de 9 puntos, resolvieron compartirlo en sus redes sociales. Una vez arrojado a ese mundo virtual, en poco tiempo las imágenes saltaron de celular en celular.  Mucho más allá del ámbito de laboratorio propuesto dentro del aula. Nadie pudo dimensionar el impacto que tendría, porque en el universo de la pantalla parece haber lugar para todo.

Sin embargo, ocurrió que, como era de esperar, el video también empezó a llegar a los teléfonos de los periodistas. De ahí a convertirse en noticia nacional e internacional, prácticamente no transcurrieron más que horas. Recién entonces, ante la condena social inevitable, los protagonistas tuvieron que hacerse cargo del derrape. Su protagonista emitió un comunicado en el que, en un tímido pedido de disculpas, condicionado a "si alguien se sintió ofendido", terminó poniéndose en el lugar de víctima porque los medios hegemónicos lo calificaron de antisemita y un montón de otros adjetivos que no le caben.

Es decir, el hecho concreto, el video, mientras estuvo a la vista de todos pero en redes sociales, no era motivo de escándalo. Nuevamente surge esa relación histérica e incomprensible acerca del  mundo de lo virtual. Sin embargo, esa vaguedad de las pantallas, donde parece que todo vale, lentamente se va terminando. 

Ocurrió un nuevo evento esta semana, que involucró ahora como víctima a la segunda embajadora de  Rawson, Celeste Martín. A partir de un descargo que ella misma publicó en su cuenta de Instagram, supimos que está circulando un video sexual y quieren instalar que es ella la protagonista. Por supuesto, una grabación casera, de la intimidad de alguien, que terminó otra vez saltando de teléfono en teléfono. 

Celeste no es quien aparece en ese video, que si llegara a un medio de comunicación, este no debería jamás publicarlo porque vulnera la intimidad. Pero la joven embajadora termina siendo apenas una participante de reparto en un tema más profundo, que tiene que ver nuevamente con lo mismo: los límites corridos en las redes sociales, donde parece que todo vale.

Ya no más. Desde hace un par de años, videos como el que le quieren adjudicar a Celeste están tipificados en el Código Penal como pornovenganza. Es un delito que consiste en la difusión no consentida de imágenes o videos ínimos en redes sociales, servicios de mensajería instantánea y cualquier tipo de medio social donde se comparte información. Es un tipo de extorsión.

Por una causa semejante, el tatuador sanjuanino Patricio Pioli fue detenido por orden de la justicia riojana y permanecerá en el penal de la provincia vecina hasta la sentencia. Nunca fue un chiste el manoseo de otras personas a través de Internet. Ahora tampoco resulta gratuito. Los medios de comunicación tendrán por delante también una profunda revisión autocrítica acerca de los contenidos que circulan por redes, porque la difusión profesional, con un sello editorial y periodístico de fondo, les confiere una gravedad superior. 

Resulta enorme la tentación de dejarse llevar por la simpleza del click. Tan grande como el daño que se puede provocar. El encuentro con la realidad de carne y hueso llegará, más temprano que tarde.


JAQUE MATE