OPINION

Una lección para los fanáticos K

Alberto Fernández empezó a meter algún ruido, bien disimulado en la tropa ortodoxa cristinista. La amplitud no se agota en el discurso.
martes, 21 de mayo de 2019 · 11:06

Por Daniel Tejada
Canal 13 San Juan


Chirolita o monigote. De cualquier manera calificaron algunos al recientemente ungido como precandidato presidencial Alberto Fernández, por una cuestión de origen. Primero, porque lo bendijo Cristina Fernández de Kirchner aún cuando él no tenía mayores chances de competir en un primer plano. Segundo, porque ella se colocó como compañera de fórmula y, para algunos, garante del modelo.

Dichas así las cosas, la misión de Alberto -estamos obligados al nombre de pila, por la coincidencia de apellidos Fernández- será despegarse de ese mote de figurita decorativa o títere de "la Jefa". No para quienes lo conocen, porque saben bien de su personalidad y su pragmatismo, mucho más parecido al de Néstor que al de CFK, sino particularmente para la gran mayoría, es decir, para quienes tendrán que incorporarlo en el radar de lo que se puede llegar a votar.

Entre las primeras pistas que arrojó sobre el tablero, Alberto descubrió su equipo económico. Allí aparece un técnico que aparece lejos de la heterodoxia de Axel Kicillof, más allá de que fue uno de los responsables del canje de deuda logrado con la quita del 75%. Hablamos de Guillermo Nielsen. 

Si bien el economista ha sido crítico de la política económica de Cambiemos, de ninguna manera se lo podría encasillar en las recetas del cepo cambiario, por citar un ejemplo bien identificador de la última etapa de Cristina. Entonces, en los comentarios en redes sociales, aparecieron los primeros rezongos acerca de que ya se están buscando los coroneles afuera del espacio.

Alberto, a decir verdad, no es un K ciego, sordo y mudo. No lo fue a punto tal que discutió y rompió con Cristina cuando terminó eclosionando la guerra por la resolución 125. Se enfrentó disimuladamente y no tanto con Julio De Vido, dentro del gabinete. Armó el Frente Renovador para ayudar a Sergio Massa a detener la fiebre de "Cristina eterna", que alguna vez lanzó la entonces legisladora Diana Conti, entre otros.

Alberto fue, al mismo tiempo, la mejor lección para los K-puros. Lo dijo ayer aquí en Banda Ancha un sanjuanino que aguantó los trapos aún en los peores momentos: el titular del Frente Grande, Horacio Quiroga. Usó esas palabras: "Nos dio una gran lección". El aprendizaje radica en comprender que aquella receta cerrada, de murallas ideológicas y filtros infranqueables, terminó convirtiéndose en una mochila pesada. Tanto, que hoy haría inviable ganar una elección. Aunque para algunos, el hashtag #EllaLeGana les haya hecho latir el corazón con fuerza. Les haya alimentado la mística y esos sentimientos vinculados al componente emocional que contienen algunos líderes políticos. Solo algunos.

Cristina echó por tierra el hashtag. Con ella sola no alcanza. Lo venía diciendo en distintos foros, aunque se entendiera que era apenas una postura para sumar "a la cola". El gesto más claro en contrario recién se hizo evidente el sábado pasado, cuando coronó a Alberto. Claro, lo hizo al estilo de ella. "Le pedí que sea candidato a presidente", dijo en el video. Para muchos habrá sido un gesto de omnipotencia. Particularmente habría que interpretar que fue un mensaje hacia la tropa. Si ella lo quiso, fue una decisión política. Solo queda acompañar. Y bancarse las decisiones de un dirigente afín, cercano, pero que está dispuesto a ser antipático también. Si con todo esto alcanza para dar batalla electoral, eso solo podremos medirlo el 11 de agosto, cuando llegue el momento de las PASO.


JAQUE MATE