OPINION

Un juego peligroso

La amenaza permanente y velada de una entrega anticipada del poder, camufla la responsabilidad de gestionar hasta el último día de mandato.
lunes, 23 de septiembre de 2019 · 12:21

Desde la inimputable Elisa Carrió arengando a la tropa militante macrista a que los saquen "muertos" del Gobierno, hasta el enigmático reciente de la celebridad Luciana Salazar acerca del deseo del "establishment" de una entrega anticipada del poder, hay un fantasma que sobrevuela amenazante estas elecciones presidenciales. La argentinidad al palo, donde los no-peronistas jamás logran completar sus mandatos en medio de un clima de conspiración permanente.

Parece un anacronismo. Desempolvar los libros de historia para profetizar el futuro del presidente de la Nación, Mauricio Macri, y su línea de meta, el 10 de diciembre de 2019. Pero es mucho más que una fantasía alimentada por intereses políticos y económicos, apurados en cambiar de cabalgadura, después de haber tanteado a Alberto Fernández y haberlo percibido mucho más "racional" y "de centro". La ola de especulaciones es al mismo tiempo uno de los grandes temores del peronismo actual.

Mucho antes de que se conociera la fórmula Fernández-Fernández, hubo consenso interno en la sede central del PJ en calle Matheu, en Buenos Aires, acerca de que había que lograr, por todos los medios, una transición democrática sin interrupciones. Es por ello que los intendentes del conurbano bonaerense salieron a contener la crisis con los recursos que tuvieran, aún los más K. 

Off the record, marcaron la diferencia con 2001, cuando el entonces gobernador de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, les habría bajado la instrucción de dejar de nadar contra la corriente. Bajar las persianas y dejar que la gente fluyera como tuviera que fluir. El estallido era el resultado esperable. Y el saldo final se sintió con estruendo. 

No solamente cayó el presidente Fernando De la Rúa, sino que el país quedó en una precariedad institucional, política y económica sin precedentes. Que se vayan todos, sin distinción de partidos ni movimientos. La gente pidió la cabeza de todos.

El propio gobierno de Cambiemos agita la bandera de la desestabilización, como si estuviera buscando la victimización para ganar adhesiones de "voto lástima". Además, en ese escenario habría un villano anti-republicano. Huelgan las aclaraciones para encontrar al destinatario de esta imputación.

En medio de este jueguito perverso, de las apuestas acerca de si Macri llega o no llega a término, hay una población de unos 40 millones de habitantes que no pueden, no quieren, ni deben entender, más que demandar al gobierno en ejercicio que cumpla con su mandato constitucional. Algo así planteó la ministra de Salud, Alejandra Venerando, el viernes aquí en Banda Ancha.

Nos atrevimos a preguntarle, con desfachatez, si el gobierno nacional había "tirado la chancleta" y por eso había abandonado los programas, a punto tal de desabastecer a las provincias. La funcionaria uñaquista contestó un poco más formal que "están en retirada". E inmediatamente aclaró que esto no corresponde. Que hasta el último día de gestión, Macri y su equipo de colaboradores deben asumir la responsabilidad que les cabe. 

Nación contestó por Whatsapp que no mandaría más vacunas a San Juan. La secretaria de un funcionario de segunda línea de Desarrollo Social rebotó al ministro Armando Sánchez por no tener "audiencia" acordada previamente. Vialidad Nacional desconoció la deuda multimillonaria que empezó a pagarle a la provincia sin intenciones de continuar con los desembolsos. 

Son apenas tres datos insólitos que grafican el cierre de un gobierno que, más allá de las PASO, más allá de las encuestas, incluso más allá del resultado del 27 de octubre, debe sacarse de encima ese juego peligroso. Y hacerse cargo, aunque la cuenta regresiva esté contando los últimos minutos.


JAQUE MATE