OPINION

La otra grieta: CEOs vs. políticos

Un revival de la hipótesis noventosa, acerca del Estado bobo frente a las empresas eficientes. Y la dolorosa constatación del fracaso.
martes, 24 de septiembre de 2019 · 11:58

"El mejor equipo de los últimos 50 años" desembarcó en el poder el 10 de diciembre de 2015 con ese cartel, seguramente bien ganado en virtud de sus antecedentes. Gerentes o, como se usa decir ahora, CEOs de importantes compañías exitosas del país y del exterior, llegaban para dar cátedra sobre administración. Fueron la síntesis de aquella vieja lección sobre el Estado bobo, parasitario y gastador, versus el sector privado eficente y rendidor, que justificó las privatizaciones de los años '90.

Comenzó el imperio de la planilla de Excel. Posiblemente el más fiel exponente de esta filosofía haya sido el ex ministro de Energía, Minería y Combustibles, Juan José Aranguren. Sin embargo, con esa lógica de sumas y restas funcionó la totalidad del Estado también. Le pasó incluso a los servicios esenciales de Salud y Educación. 

Había que aprender a vivir con lo que se tiene y ni un centavo más. El rojo fiscal se definió como el monstruo heredado, apañado por una sociedad que se distrajo en la fiesta y la ficción de comprar televisores, celulares y viajes al exterior. Al final de la tabla de cálculo, pasó la tijera y punto. Claro, con algún que otro detalle que terminó convirtiendo a esta fórmula en una bomba de tiempo.

Mientras el consumo y el aparato productivo se caían, creció el fenomenal negocio de la timba financiera. Los capitales especulativos no derramaron un solo dólar en la economía real, sino que se aprovecharon de un país que se dejó aprovechar. El destino final era el default o esta creativa expresión del "reperfilamiento". Es decir, muchachos y muchachas, la deuda se volvió impagable.

Entonces el propio gobierno de Mauricio Macri dio un volantazo de ocasión tras el contundente mensaje de las primarias presidenciales del 11 de agosto. Se apartó de las medidas empresariales y se acercó a eso que con cierta repugnacia habían tildado de "populista", pero en el fondo era su propia descripción de política. Aparecieron las medidas de alivio, el congelamiento relativo de precios y hasta la versión 2019 del cepo cambiario.

Con estas decisiones, el macrismo terminó rindiéndose ante la realidad. Sin política, no hay gobierno. En tono reivindicativo, lo señaló el intendente de San Martín, Cristian Andino, ayer aquí en Banda Ancha.

Dijo que el actual presidente armó un equipo de gobierno con CEOS muy exitosos en la parte privada. Pero esto no tiene nada que ver con lo público. El empresario busca la rentabilidad. El político busca la renta social, que haya distribución, menos gente desocupada, ascenso social. Así, en un párrafo, el experimentado cacique sanmartiniano se corrió de la híper-moderación que siempre lo caracterizó, para marcar finalmente una diferencia sustancial con la Casa Rosada.

Desde ese lugar, Andino reivindicó a Alberto Fernández, por ser un hombre que viene de la política y que podría conjugar cuestiones superadoras. Mucho más allá de la economía, podría representar la salida del enfrentamiento y las cacerías sangrientas, que tanto daño le han hecho al país.

Esa termina siendo la mayor expectativa que genera el candidato presidencial más votado el 11 de agosto, que en alrededor de un mes podría convertirse en Jefe de Estado electo. La de articulador de una Nación que no soporta más divisiones o, visto desde el lado opuesto, necesita urgente ese histórico pacto social, tan prometido como manoseado.

Detrás de esa alta expectativa, estarán las soluciones urgentes. El verdadero alivio al laburante de base, ese que no llega a fin de mes y, por estos días, tiene que bajar la cabeza y pedir ayuda a la provincia o al municipio. Nunca lo hizo. Pero la necesidad no es compatible con el orgullo. 
Falta política para dar todas aquellas respuestas que, por más que las busquen, no saldrán de la fría hoja de cálculo.


JAQUE MATE