OPINIÓN

Lo esencial y lo que puede esperar

La cuarentena obligatoria dispuesta por el presidente de la Nación pone a prueba las prioridades de cada ciudadano, ordenadas desde lo colectivo.
viernes, 20 de marzo de 2020 · 13:00

Pasaron apenas cuatro noches entre el mensaje del domingo y el de este jueves. El primero fue un llamado a la sensatez. Un intento relativamente exitoso para que la sociedad se recluyera voluntariamente, como única medida posible para contener la expansión del Coronavirus que desbordó los sistemas sanitarios del primer mundo. Pero hubo quienes desoyeron ese pedido y lo burlaron hasta el límite. Entonces vino el otro, el forzoso. No fue casual que el presidente Alberto Fernández fuera tan recurrente con la palabra "democracia", para justificar el uso de la fuerza pública.

No es cómodo, bajo ningún punto de vista, para quien se declara seguidor de Néstor Kirchner y Raúl Alfonsín, echar mano de una medida limitante de las libertades individuales. El punto crítico se pudo ver por televisión: cientos, miles de argentinos y argentinas que se trasladaban a las playas de la costa atlántica para disfrutar de los días libres por efecto de la cuarentena y el fin de semana largo. Una locura que puso a unos en contra de otros. Vecinos de Pinamar y Gesell formando verdaderas barricadas para rechazar a los desaprensivos. 

Antes había ocurrido algo semejante en Monte Hermoso. Y en tantas otras ciudades turísticas a lo largo de la Argentina. Bariloche, Potrero de los Funes. Y San Juan. Aquí también hubo denuncias de visitantes extranjeros que se hospedaban frente a la Plaza del Bicentenario sin respetar el aislamiento, burlándose ya no de las medidas preventivas oficiales, sino del resto de la humanidad. No alcanzó con el llamado a la sensatez.

Entonces el presidente Fernández apeló a la democracia para hacer valer el derecho superior a la salud pública. No se trata de cercenar las libertades individuales. Ni de provocar fastidio. Mucho menos de generar angustia inútilmente en los millones de argentinos y argentinas que se preguntaban este jueves cerca de la medianoche cómo seguiría la vida hacia adelante. Fue estrictamente poner orden allí donde no lo había y entender que lo colectivo está por encima de lo individual.

En este contexto de aislamiento obligatorio, queda cada uno invitado a repasar su universo personal y familiar. Reordenar prioridades. Reestructurar -usando una palabra de moda- las preocupaciones. Seguramente lo económico aparecerá en los primeros puestos. Es inevitable pensar cómo seguir adelante con la máquina parada, con el ingreso en pausa. No podría el Estado mirar para un costado. Es un momento de excepción y ya no cabe hablar de problemas aislados. Las soluciones tendrán que venir para todos por igual, en función del sector que integre. El presidente incluyó hace apenas unas horas también a los monotributistas. Llegarán las respuestas porque no hay margen para soltarle la mano a nadie.

En lo macro, el Estado Nacional se enfrentará a una caída de la actividad económica que hará mella en el Producto Bruto Geográfico y, por lo tanto, en la recaudación. Se combinará en apenas unos días la erogación millonaria para atender el aparato sanitario y la contención de distintos estamentos de la sociedad, como jubilados y beneficiarios de AUH, con una caja fiscal reducida drásticamente. 

Allá atrás, a la cola, seguirá pendiente la deuda heredada con el Fondo Monetario Internacional y los bonistas privados. El fantasma del default volverá a amenazar al país. Posiblemente, después de este trauma sanitario, importen bastante menos las reglas tradicionales de la economía mundial. No es un tema urgente por el momento.

Luego habrá cierta preocupación también por el calendario escolar. Las clases virtuales pueden servir cuando hay un entrenamiento previo, cuando el sistema está aceitado. Es sabido que en Argentina, salvo excepciones habitualmente del ámbito universitario, el resto es todavía experimental. Recuperar los días de clases perdidos también aparecerá como una de las prioridades, para después. Habrá tiempo para extender el ciclo académico. Para ajustar los contenidos.

El Coronavirus le cayó encima al mundo y se convirtió en un freno obligado. Una ventana forzada, para separar lo esencial de lo que puede esperar. 

JAQUE MATE