OPINIÓN

La hora del ajuste (con la gente adentro)

A los intendentes les llegó el momento de afinar el lápiz. El auxilio financiero se agotó. Ya hubo recortes presupuestarios millonarios.
lunes, 11 de mayo de 2020 · 12:38

Dios santo, qué bello abril. Estrofa de Fito Páez con vuelo poético y alejadísima de la realidad pandémica de 2020. El cuarto mes del año fue hasta ahora el peor en materia económica, más allá de la victoria parcial por el achatamiento de la curva de contagios de Covid-19. Fueron 30 días de parálisis completa y un derrumbe de la recaudación del orden del 40 por ciento, que golpeó tanto al gobierno nacional como al provincial y a los municipios. Tanto pelearon por la ley de coparticipación los intendentes, que finalmente la obtuvieron, en el peor momento. Quedaron atados a las desgracias automáticamente.
 
Al mismo tiempo, la coparticipación adelgazada a la fuerza se convirtió en el salvavidas de los jefes comunales, porque sus recaudaciones por tasas de servicios se derrumbaron hasta el 80 por ciento, de acuerdo a un relevamiento publicado días atrás por Tiempo de San Juan. Frente a esa situación dramática, los intendentes lograron pagar los salarios a principios de mayo y cruzaron los dedos para que a partir de este lunes, con la actividad dando sus primeros pasos en la reapertura progresiva, empiece a girar la rueda.

Pero con cruzar los dedos no alcanzaría de todos modos. No se trata de una cuestión de suerte, horóscopo o destino. Hay que tomar medidas de fondo en el único sentido posible, que es recortar el gasto. Igual a lo que tuvieron que hacer las empresas privadas. Y la inmensa mayoría de los hogares argentinos y sanjuaninos. Tijera donde sea posible, esa es la receta obvia pero no por ello fácil de ejecutar.

Vale citar el ejemplo de un municipio de los más voluminosos del Gran San Juan. De un presupuesto de gastos de 67 millones de pesos mensuales, tuvo ajustar a 47 millones. Es decir, desprenderse de 20 millones de pesos en erogaciones. 

De los 47 millones que quedaron en pie, 29 se fueron en el pago de sueldos. Y en lo que va de cuarentena, llevan 25 millones gastados en alimentos. Las ayudas extraordinarias de la provincia, a través del Fondo de Emergencia Municipal (Fem) y el Fondo de Desarrollo Regional (Fodere), ya se transfirieron en marzo. No hay más. No habrá más, salvo que Nación auxilie a las provincias y una parte de ello sea derivado a los intendentes. Hacer planes sobre esa posibilidad parece tanto como un dibujo en el aire.

En una conversación reservada, un intendente del justicialismo dijo que ya no se puede esperar más de parte del gobernador Sergio Uñac, sino que ahora el esfuerzo tendrá que venir de parte de los municipios para ayudar a la provincia. Y remató con una frase muy significativa: habrá que ajustar con la gente adentro.

Ajustar en eventos, en fiestas, sentarse con proveedores y planificar otra realidad en cada contrato hasta que termine 2020. Porque nada de lo que se imaginó a fines del año pasado y comienzos de este se podría sostener. Ese mundo no existe más. Entre las estrategias, uno de los intendentes reveló que adelantó la compra de combustibles por 90.000 litros hasta el 31 de diciembre, a tasa cero y con los valores vigentes. Además, acordó con los propietarios de movilidades contratadas el cobro de una jornada mensual. Para el municipio será un ahorro. Para el prestador, la garantía de al menos sostener su fuente laboral, aunque por menos dinero.

Mientras tanto, la coparticipación seguirá goteando de manera semanal. Nadie puede estimar siquiera qué ocurrirá con las transferencias. Habrá que sacar cuentas diarias. Los intendentes especulan que la imposición de un precio sostén para el barril de petróleo puede impactar de manera positiva en la recaudación. Pero es eso, solamente un cálculo pendiente de verificación. El único camino prudente seguirá siendo el ajuste forzoso.

Ajustar al menos un 40 por ciento sobre las previsiones originales para un 2020 impredecible. Pero hacerlo con la gente adentro. El 60 por ciento restante habrá que solventarlo con la coparticipación, esperando que abril haya sido el peor de los meses. Y que la nueva normalidad venga acompañada de una tregua, no solo sanitaria sino también económica.

JAQUE MATE