OPINIÓN

El segundo semestre

Los recortes salariales podrían llegar a los estatales. Las secuelas de la pandemia todavía no se pueden medir.
miércoles, 6 de mayo de 2020 · 13:06

Tan extraordinaria es la peste, tan excepcional la cuarentena, que hasta los dirigentes sindicales tuvieron que poner las barbas en remojo. En medio de la parálisis económica, los que hicieron punta fueron aquellos referentes del trabajo en el sector privado. 

Se apresuraron a cerrar acuerdos para bajar salarios a cambio de evitar despidos. Y lo presentaron como una conquista, frente a la situación terminal que atraviesan muchas empresas argentinas y sanjuaninas. Tan atípico es el momento, que los gremialistas contaron con el respaldo de sus afiliados en la reducción de haberes. Lo identificaron como el mal menor.

Peor es la situación de los trabajadores autónomos que se vieron directamente impedidos de generar un peso a lo largo de la cuarentena. Recortado y todo, el salario sigue siendo la hipótesis más favorable. Puede sonar conformista, pero alcanza con mirar el contexto internacional para encontrar miles de cesantías en los sectores más castigados por la pandemia. El hilo siempre se corta por lo más delgado.

Sin embargo, frente a la resignación de ingresos revivió el reproche se los sectores de derecha hacia el Estado exprimidor de recursos con altas cargas tributarias. El acto siguiente fue señalar a los trabajadores estatales como los únicos privilegiados, cuyos salarios quedaron garantizados, intactos. Pudo haber inconvenientes en algunas jurisdicciones, pero San Juan logró pagar todos los haberes en tiempo y forma.

Claro que hubo sobresaltos. La ministra de Hacienda, Marisa López, reconoció la semana pasada aquí en Canal 13 que los ingresos de la provincia cayeron el 40 por ciento en abril, contando coparticipación federal y recaudación local. 

Frente a ese brutal achicamiento, la pregunta lógica fue si el gobierno de Sergio Uñac ha considerado echar mano del Fondo de Reserva Anticíclico. Como su nombre lo indica, es una reserva equivalente a dos grillas salariales completas, para usar en caso de emergencia. Bueno, la coyuntura parece ser la indicada.

Pero la ministra López dio a entender que la primera opción sería evitar tocar el Fondo Anticíclico, porque permitiría apenas ganar 60 días de supervivencia. Hay que encontrar otras alternativas financieras para acomodar el año que resta por delante.

El principal obstáculo es que todas las paritarias de estatales sanjuaninos se cerraron cuando el Coronavirus era apenas una noticia curiosa, perdida en alguna ciudad del lejano oriente. Las previsiones en aquel momento quedaron totalmente alteradas por la realidad que sobrevino posteriormente. Entonces, parece haber llegado el turno de, al menos, revisar el gasto en salarios.

En la misma tónica que sus colegas del sector privado, el secretario general de UDAP, Luis Lucero, dijo ayer en Banda Ancha que es consciente de la situación. "No desconocemos la problemática nacional ni la problemática provincial", dijo en palabras textuales el líder del gremio docente mayoritario. Advirtió que a diario mantienen conferencias a distancia con CTERA y que el cuadro es igualmente grave en todo el país. Incluso en algunas jurisdicciones, mucho peor que en San Juan

¿Hay que interpretar que Lucero está dispuesto a resignar las cuotas restantes del acuerdo paritario, en honor a la emergencia? Ni. Pero el solo hecho de que el dirigente sindical se muestre comprensivo y predispuesto al diálogo con las autoridades de gobierno, abre la puerta a una renegociación paritaria.

Paradójicamente, siempre fue la máxima aspiración de los gremios tener el compromiso oficial de una paritaria convocada nuevamente a mitad de año. Nunca imaginaron que no sería para obtener mejoras, sino para retroceder un par de casilleros, como en el Juego de la Oca.

A diferencia de los gremios del sector privado, los estatales no temerán despidos. La estabilidad del sector público es uno de los grandes atributos intocables. Pero al mismo tiempo los dirigentes sindicales veteranos y no tanto, saben que empujar al Estado a la insolvencia tendría consecuencias catastróficas. No solo la interrupción del pago de salarios sino el corte de la cadena de pagos en general.

Tan extraordinaria es la peste, tan excepcional la cuarentena, que lo que parecía imposible ya no lo es tanto. Hoy más que nunca parece necesaria aquella vieja e incumplida promesa del segundo semestre. Porque el primero ya está jugado y las secuelas resultan todavía impredecibles en su real magnitud. 


JAQUE MATE