JAQUE MATE

Orrego le complica el armado al peronismo

El gobernador mantiene un estilo sin estridencias. Si hay tensiones internas, no se filtran. El contraste con Nación es evidente. Para la oposición es un problema.
martes, 28 de mayo de 2024 · 11:00

El estilo monocorde de Marcelo Orrego se convirtió en una complicación adicional para el peronismo sanjuanino, que por estos días está abocado a reorganizarse y busca nuevos liderazgos. En pocas o en ninguna faceta se parecen el gobernador y presidente Javier Milei. Pero, de todas las diferencias, la más visible es precisamente la sobriedad. Al santaluceño no le gustan las estridencias. No daría un recital en el Luna Park.

El cimbronazo del gabinete nacional apenas transitando el quinto mes de gestión fue otra señal distintiva. Milei hizo volar a su Jefe de Gabinete, Nicolás Posse, señalado como uno de los colaboradores más cercanos. ¡Afuera! Comidilla aparte -si le hizo la cruz Karina o no fue así- la rotación de figuras en lo más alto del gobierno fue un reflejo de la montaña rusa que caracteriza a La Libertad Avanza.

Vale recordar que, con la misma espectacularidad, Oscar Zago salió eyectado de la presidencia del bloque de Diputados. El propio Guillermo Francos, hoy ascendido a la Jefatura de Gabinete, caminó por la cuerda floja cuando se desmoronó la versión original de la Ley de Bases, allá por enero.

¿Qué pasa que nadie habla del orreguismo y sus tensiones internas? Así, con un poco de fastidio pero con genuina intriga, hizo la pregunta a este periodista un dirigente de Unión por la Patria hace apenas unos días. Fue una consulta interesante para gatillar la reflexión. Básicamente, porque tiene razón: poco se dice, menos se escribe, acerca de las particularidades del gabinete y la amplia coalición que hoy conduce la provincia.

Apareció rápidamente la respuesta. A diferencia de Milei, Orrego llegó al poder rodeado de un círculo de extrema confianza. Un entorno chiquito, es verdad. Muy santaluceño. Los aliados de Cambia San Juan tuvieron que conformarse con posiciones periféricas. El 10 de diciembre asumió Marcelo con los suyos.

Esto no implica que no haya repartido cargos en otras líneas del organigrama. En esa distribución aparecieron diseminados los martinistas. Es decir, los oriundos de Rivadavia y, por lo tanto, apadrinados por el vicegobernador Fabián Martín.

Es tabú hablar del martinismo, porque implica marcar una diferenciación con el orreguismo. Agitar los ismos dentro de un mismo gobierno nunca termina bien. Si lo sabrán Sergio Uñac y José Luis Gioja...

Hoy resulta prematuro decir cómo convivirán los ismos en el gobierno de Orrego. En los primeros cinco meses hubo verticalidad absoluta. Incluso off the record, los referentes más importantes de la coalición de gobierno se allanaron a la batuta de Marcelo. Los unió el ímpetu de toda administración que recién comienza. Pero también los unió el espanto por lo que está sucediendo a nivel nacional.

Las restricciones económicas -la motosierra y la licuadora de Javo- pusieron a Orrego en el enorme desafío de gestionar sin derrumbarse al poco andar. Ya atravesó las áridas negociaciones salariales, la actualización tarifaria de los colectivos y la reactivación parcial de la obra pública paralizada. En todos los casos el gobierno pudo seguir adelante, sin aspavientos ni grandes anuncios. Simplemente mantuvo la máquina en funcionamiento.

No es poco.

Para el uñaquismo que apenas terminó de gobernar hace cinco meses y 18 días, resultó agraviante el contraste. ¿Qué inauguró Orrego? ¿Qué hizo distinto con respecto a la gestión anterior? ¿Este era el cambio: hacer lo mismo, pero menos? Aparentemente sí. Una cuestión de formas, más que de fondo.

Caló profundo la consigna libertaria de 'no hay plata'. La austeridad orreguista, al menos por ahora, fue bien recibida. Aunque el costo de ello sea una gobernación menos lucida, menos brillante, menos espectacular que los 20 años de justicialismo. Esta no es una afirmación gratuita. Basta mencionar tres obras impresionantes para demostrar el punto: el Centro Cívico, el Teatro del Bicentenario, el Velódromo Vicente Alejo Chancay.

¿Acaso Orrego no quiere anotarse una inauguración de ese calibre? No son tiempos de sueños faraónicos. Todo lo que implique gasto público, cuanto más chico y modesto, mejor. Son los vientos que soplan.

Para el peronismo el tono monocorde de Orrego es un desafío adicional. Ser alternativa a Milei resulta mucho más fácil. El presidente ganó las elecciones y gobernó hasta ahora parado en el extremo de la derecha y en el libre mercado. ¡Hasta se dio el gusto de cantar en el Luna Park! ¿Alguien se imagina a Marcelo como un rockstar?


JAQUE MATE