HISTORIAS

La increíble historia del "loco de la bicicleta" que cruzó a Chile en una rodado 16

Se llama Agustín Graffigna y partió desde la terminal de ómnibus de Mendoza hasta llegar al pueblo de San Felipe. Ya de regreso en San Juan, pasó por Banda Ancha y contó las imperdibles anécdotas.
viernes, 13 de diciembre de 2019 · 12:22

Llegó a Canal 13 San Juan de la misma manera que transita cotidianamente, en el mismo vehículo que cruzó la Cordillera de los Andes para llegar a Chile: su pequeña bicicleta de rodado 16. Para Agustín Graffigna, más que un medio de transporte, se trata de una declaración, una filosofía de vida. Su epopeya buscó desde el comienzo brindar ese mensaje, que todos podemos vivir un poco mejor, simplemente bajándonos de los autos y poniéndonos a pedalear.

Este viernes pasó por Banda Ancha y compartió sus imperdibles anécdotas vividas a lo largo de la travesía, que comenzó el jueves 5 de diciembre. Según contó, partió en un colectivo de la empresa Del Sur y Media Agua desde San Juan y al llegar a la Terminal de Mendoza, armó su bicicletita, cargó los bultos y se hizo a la ruta. El primer tramo se extendió hasta Uspallata, donde había decidido pasar la noche.

Pero la falta de experiencia le jugó una mala pasada, porque a mitad de camino se quedó sin agua. Vale aclarar lo obvio: para un ciclista, en esa condición extrema y en un vehículo que demanda tanto compromiso físico, el líquido vital es impostergable. Agustín hizo señas a todos los viajeros que circulaban por la Ruta 7 pero ninguno se detuvo a ayudarlo, posiblemente porque no le entendían.

Finalmente llegó la ayuda, de parte de la misma naturaleza. A pesar de que el Río Mendoza es muy turbio, con aguas marrones, detectó a la distancia un afluente con líquido cristalino. Entonces plegó su bici, la ocultó para que no se la llevara nadie, y empezó a caminar tierra adentro, alejándose de la ruta. Así pudo recargar su caramagnola para continuar viaje.

Ahora sí, con la necesidad resuelta, siguió camino y pudo llegar a uno de esos típicos hoteles ruteros donde suelen parar camioneros. Por suerte tenían comedor con diente libre, pero según Graffigna "ellos perdieron" porque tenía tanta hambre que devoró todo lo que pudo.

Pasó una noche apacible en la tranquilidad de Uspallata para luego continuar avanzando. El camino sinuoso de montaña, lleno de cuestas ascendentes, túneles, tránsito pesado cargado de camiones y colectivos de larga distancia, lo obligaron a caminar durante largos trayectos. Según sus cálculos, unos 25 kilómetros a pie, porque la bici sencillamente no le permitía avanzar en ese agresivo escenario.

Llegó hasta Las Cuevas, donde un grupo de turistas lo invitó a subir al Cristo Redentor, pero por suerte esta vez fue en camioneta. Sin embargo, una vez ahí arriba, se animó a la escalada en la montaña. Luego volvió a su primer amor, los pedales, cruzó la frontera y en la Aduana de Chile sencillamente no podían creer que haya llegado este señor en una bici diminuta. "No la veían directamente", recordó Agustín con una sonrisa. Iba cargada de bolsos. Apenas se divisaban las rueditas por debajo.

El tramo más complejo, a continuación, fue el descenso por los Caracoles, donde las juntas de dilatación entre los paños de hormigón eran demasiado separadas para el rodado de la bicicleta. Además, debía parar cada tanto, porque los frenos se recalentaban y temía "pasar de largo en alguna curva". Pero el entusiasmo siempre pudo más.

Así llegó al pueblo chileno de Los Andes. Y decidió seguir bajando, hasta llegar a San Felipe. Pero un grupo de mendocinos le advirtió que no le convenía continuar hasta Viña del Mar, porque el clima social continuaba muy complejo, luego del estallido. Consideraban que no era seguro para un ciclista seguir avanzando por esas calles.

Así que ese fue el punto final para la aventura de Agustín. Compró un pasaje de colectivo. Cargó la bici en la bodega. Y emprendió el regreso. Con la enorme satisfacción de haber logrado el desafío y, fundamentalmente, haber llamado la atención de todos los que todavía rechazan subir a la bici en las tranquilas arterias sanjuaninas, libres de pendientes, sin lluvia prácticamente. Una opción al alcance de todos y todas.