Santoral

San Valentín de Recia, el mártir que casaba en secreto a parejas de la edad media

Este 14 de febrero se celebra el día de los enamorados, pero tiene un origen que le dio sentido. A pesar de los intentos de erradicar esta costumbre, la fuerza del amor lo mantuvo con vida. La historia del mártir que murió por el amor.
viernes, 14 de febrero de 2020 · 08:09

Este viernes se cumple un nuevo aniversario de San Valentín, algo que los enamorados celebran con desdén cada año. A pesar del fervor del amor, esta fiesta tiene un origen y proviene  de la iglesia católica. Esta es la historia de San Valentín de Recia, el casamentero de la edad media.

Hay que remontarse al año 270. Si para las diversas realidades de la vida existe un patrono, no podía faltar uno para lo más bello de la creación: el amor humano entre hombre y mujer. En aquel entonces, Claudio II "el Gótico" y su policía vigilaban las andanzas callejeras. Tan bruto era este mal emperador que llegó hasta prohibir lo más natural que existe en el mundo: el amor entre los humanos. No quería bodas sino soldados para defender los espacios amplios de su imperio. Nada de casados. Quería solteros y sólo solteros.

Ante estas circunstancias inhumanas, Valentín, obispo de Interamna Nahartium (hoy Terni en Umbria el estado en donde está la ciudad de Asís - Italia), no tuvo miedo en confesarse creyente, y es más, se entregó por entero a las parejas. Las visitaba en secreto para casarlos lejos de la mirada de los crueles súbditos del emperador.

La voz de Valentín corría como el viento por las orillas del Tiber y de las colinas romanas. Los jóvenes, valientes y decididos a formar una familia, acudían a él para recibir el sacramento. Les hablaba, les escribía cartas de amor y con su simpatía y su bella juventud, se traía de calle a todos los enamorados.

Valentín fue encarcelado dos veces por esto, la segunda bajo la decisión de Aureliano, que sucedió a Claudio II "el Gótico". Mientras estuvo en la cárcel esperando su muerte, el carcelero se dio cuenta de sus buenas cualidades. Le presentó a su hija Julia ciega de nacimiento. Valentín le enseñó las primeras letras, los rudimentos del saber y, por supuesto, le habló de Dios. Veía el mundo bello que le presenta el apuesto joven. Le dijo a la niña que orase a Dios para que le diese la vista. En un momento determinado, le cogió la mano a Valentín y le dijo: ¡”Yo creo, yo creo!” La luz de la prisión le entró por sus inocentes y maravillosos ojos.

Él, viéndola feliz, le dijo que mantuviera su fe por encima de todo. A continuación, tal día como hoy, murió degollado por mano del soldado romano Furius Placidus, a los órdenes del emperador Aureliano y enterrado en la que es iglesia de santa Práxedes, cerca del Coliseo, aunque hoy están en la Basílica de su mismo nombre que está situada en la ciudad italiana de Terni, en donde allí tal día como hoy la iglesia se llena de parejas, todas aquellas que se casarán el año siguiente.

Por esta razón es patrono de los enamorados, un patronazgo popular en todo el mundo cristiano. Desde entonces, los romeros que entran en Roma, se dirigen a la Basílica de san Valentín para orar ante su tumba y que les conceda una buena “Valentina” o Valentín”. Este día pasó con la expansión del cristianismo a otros lugares cuyas fiestas de primavera – paganas- pasaron a tener el sello cristiano.

La joven Julia, agradecida y enamorada del santo, plantó un almendro de flores rosadas junto a su tumba. Hoy – ya se sabe- el árbol de almendras es símbolo de amor y amistad duraderos.