ANIVERSARIO

El relato de una mujer que durmió en un gallinero la noche atroz del '44

Con tan solo 7 años de edad Juana fue testigo de uno de los peores momento de San Juan. Ella, oriunda de Albardón, relató sus recuerdo de cuando su padre colocó chapas en el techo del gallinero por la lluvia que azoto en la noche.
viernes, 15 de enero de 2021 · 16:44

Hace 77 años, específicamente un 15 de enero de 1944 a las 20:52 de la noche, un terremoto sacudió la provincia de San Juan destruyendo edificaciones y llevándose la vida e ilusiones miles de personas. Quizás esta fue una de las mayores catástrofes naturales que sacudió a la provincia cuyana, de este aún quedan testigos que recuerdan vívidamente lo que vivieron, y consecuentemente tuvieron pérdidas y temores. El día fue siniestro para los sanjuaninos. Muchos eran niños, pero recuerdan cada momento del antes, durante y después. Juana Quinteros charló con Diario 13 y detalló sobre el hecho. 

El terremoto de 1944 tuvo epicentro a 20 kilómetros de la Capital de San Juan, precisamente en La Laja, localidad perteneciente al departamento Albardón. El mismo tuvo una magnitud de 7,8 grados de la Escala Ritcher y una intensidad máxima de 9 en escala Mercalli Modificada. Este siniestro natural destruyó hasta un 80% las edificaciones y calles. 

Si bien para los sobrevivientes parecieron horas, tan solo duro tan solo 20 segundos. Solo eso basto para desmoronar una provincia construida a base de adobe. 

Juana Quinteros, quien hoy tiene 84 años, es una de las testigos de la zona donde se originó la catástrofe. Ella junto a su familia vivían a pocas calles de donde fue el epicentro. Eso fue lo que llevó a que viviera de cerca la ruina que dejo el terremoto. La jubilada que hoy vive en Sarmiento indicó: "la tierra se abrió y salían chorros de agua caliente. Lo peor fue en la noche ya que las casas se habían caído y cayó mucha lluvia y granizo." Además, cabe destacar que durante lo que resto de la noche las réplicas fueron constantes. 

Las viviendas para refugiarse eran escasas al igual que la comida, lo que fue uno de los problemas mayores que se llevó vidas en los posteriores días. Tal fue que los hombres de cada hogar ayudaban a las personas que habían quedado atrapadas en sus casas. Uno de ellos fue el padre de Juana que colaboró arduamente con todos los vecinos. “Para que no durmiéramos bajo la tormenta puso chapas en el gallinero. Éramos tres familias ahí”. Lamentable, producto de la lluvia y del agua que salía debajo de la tierra, el hombre falleció en agosto tras transitar por muchos meses lo que creyeron que era neumonía. Esto no fue solo algo que padeció él, sino que varios lo sufrieron.

Otro de los recuerdos de Juana, que con tan solo 7 años vivió la catástrofe, es que el agua salía a chorros de debajo de la tierra, era muy helada. Además, lo que padeció junto a su familia, fue al recordar que su hermano mayor se había ido a Capital de San Juan, el puente se había roto y no sabían el estado de salud de él y quienes lo acompañaban. Él, días después cuando logró llegar a su hogar, fue quien les comentó la situación de San Juan y los lugares donde estuvo refugiado.

La tristeza y dolor fue el común denominador para todos los sanjuaninos durante meses. Fue tal la destrucción de la provincia que, según lo que comentó Juana, el Gobierno Nacional mando al ejército para que asistieran con alimentos y otros productos. “Solo nos daban un puñadito de cada cosa para que pudieran cocinar. Habíamos perdido todo" subrayó. Esta ayuda fue durante un largo tiempo ya que los encargados de llevar alimentos a sus hogares habían muerto, enfermado o la fuente de trabajo se había destruido.

 “Mi casa no se cayó, pero no podíamos entrar porque las puertas estaban trabadas con tierra o no sé qué por dentro” detalló la testigo que a su vez recordó con mucha nostalgia que su madre había horneado horas antes por lo que esa noche subsistieron con el pan. Lo que no pudieron apalear fue el intenso frio que dejó la lluvia, sumada al granizo.

Este hecho quedo grabado en la memoria de quienes sobrevivieron, pero perdieron familia y su hogar en 20 segundos. Aunque también significó la reconstrucción de una provincia, la tristeza y el miedo a los movimientos sísmicos quedó grabado de manera profunda en cada uno de quienes vivieron el atroz momento.