Historia

Viaje fantástico y ritual indígena: la apasionante aventura de un sanjuanino en Colombia

Martín Páez se encuentra desde hace 3 años en el país cafetero. Un sabio despertó en él una búsqueda espiritual que hizo carne. También contó anécdotas desopilantes y el duro momento del país ante la escalada de violencia por las protestas sociales.
sábado, 15 de mayo de 2021 · 13:49

Martín Páez es sanjuanino, tiene 30 años y desde hace 3 que comenzó una nueva vida en Colombia. Actualmente se encuentra en El Peñol, un municipio localizado en la subregión Oriente del departamento de Antioquia - a unas 3 horas de la ciudad de Medellín - donde trabaja en una finca.

En septiembre del 2019 comenzó su nueva experiencia, un viaje fantástico con episodios de lo más llamativos que le dejaron anécdotas y sabiduría. Para Martín, una de las experiencias más enriquecedoras fue la que vivió de la mano de un sabio colombiano, quien lo introdujo en rituales ancestrales e indígenas. Esa vivencia fue un quiebre en su viaje que lo marcó espiritualmente.

Si bien, el joven se fue del país en busca de de viajar y experimentar la vida desde otros planos, otro impulsor de su éxodo fue la difícil situación que atravesaba Argentina en aquel entonces. Con su mochila llena de sueños, encaró la ruta con el objetivo de crecer y progresar. Con él se llevó también el oficio heredado de su padre, El Toto, con quien siempre trabajó en la construcción, legado del cual Martín hizo profesión y se especializó en la bioconstrucción. De esa manera llegó hasta la finca El Danubio, ubicada en una localidad de Antioquia sobre el eje cafetero colombiano. Allí conoció a un gran sabio llamado Humberto, quien lo introdujo en un viaje espiritual inédito.  

Vereda Santo Domingo, Villa María Caldas, Colombia (Foto Instagram: @martin.paezr)

"Me enseñó mucho de la espiritualidad y me brindó una gran experiencia humana a través de rituales ancestrales y
sabiduría indígena. Su finca es una maravilla de lugar y se siente que tiene una energía muy peculiar. Creo hoy poder decir que es una de las experiencias más bonitas que viví en Colombia ya que cambió mucho mi viaje desde ese momento", aseguró.

Con este sabio el sanjuanino experimentó los rituales del Temazcal y el Mambe. También inició sus estudios de Yoga. El Temazcal es una ceremonia de los indios norteamericanos que se hace en luna llena. La misma se realiza dentro de un inipi, una construcción aborigen en forma domo dentro del cual se forma una especie de pozo en el que se colocan "las viejas". Estas son una serie de siete piedras calientes que luego son rociadas con agua y desprenden una gran cantidad de vapor. "El ritual empieza con ícaros -cantos- y simboliza el vientre materno. Cada piedra que entra en el inipi es una purificación del vientre materno", explicó. 

Esta ceremonia dura aproximadamente dos horas y las personas van aspirando el vapor que sale de la piedras mientras cantan. "Para mi fue una experiencia muy buena. Antes de entrar me hicieron la ortiga, que se hace con una varilla que te pica todo te pringa, o sea que te abre los poros de la piel para que el vapor entre y haga la purificación", agregó. 

Martín Pérez en El Peñol, Colombia (Foto: @martin.paezr)

En cuanto al ritual del Mambe, Martín comentó que se realiza con tabaco proveniente de los aborígenes de Colombia y es en polvo. "Eso se pone como en una pipa y te lo soplan en la nariz. Eso se hace para purificar el cerebro y hacer una limpieza de las fosas nasales. Te deja llorando como un campeón", bromeó.

Estos rituales fueron el inicio del camino espiritual del joven sanjuanino, quien además comenzó a incursionar en el Yoga y a meditación, también de la mano de Humberto. Luego, en Medellín, realizó un profesorado de Yoga durante un año y medio logrando recibirse y obtener el título. 

Esta experiencia hizo que la perspectiva de Martín cambiara rotundamente y ahora espera poder acceder a una visa de residencia para continuar esta aventura en Colombia. “Tengo una visa Mercosur que me permite estar hasta el 2022. Luego me gustaría hacer una visa de residencia acá y poder aprovechar el punto medio en el mapa para viajar desde acá hacia diferentes partes. Mi idea seguir conociendo el planeta. Pero quien sabe, hoy estoy acá muy feliz y con lindos proyectos, después sobre la marcha veremos”, comentó.

“Se vive súper bien acá. Actualmente estoy en la finca Lifebreak, la que administro hace un año y está ubicada en una vereda que se llama La Meseta en el municipio de El Peñol a unas 3 horas de Medellín”, agregó.

Martín trabajando en la finca que administra en Colombia (Foto: @martin.paezr)

Anteriormente, el joven trabajó en Malevo, un restaurante argentino en la ciudad de Medellín, pero la pandemia complicó la situación. “Fue muy difícil en muchos aspectos ya que Colombia es un país muy turístico y muchos se solventan del mismo. Me tocó ver el quiebre de muchas empresas y una realidad social muy dura. Acá hay mucha gente en situación de calle y más la migración de millones venezolanos el caos fue mayor. Hubo mucha inconciencia por parte del gobierno y del pueblo en no tomar la situación con mayor seriedad. Hoy seguimos con restricciones y en la incertidumbre de a donde lleva todo este tema”, contó.

Ante esta situación, decidió renunciar y buscar una nueva oportunidad de progresar en su oficio de bioconstructor, la que consiguió con su trabajo actual.

D 13: ¿Qué es lo que más te gusta de Colombia?

Muchísimas cosas, sin lugar a dudas sus paisajes, el café, la gente, la salsa, el colorido de sus casas y hasta el habla. Todo es bonito cuando lo ves bonito. Salvo la mentalidad sobre algunos aspectos sociales, como a grandes rasgos es el machismo al cual están sometidos. Me sorprende hasta ahora cuán lejos están de la lucha por la igualdad y el largo camino que toca transitar, creo que es lo único que me disgusta un poco de acá.

Un día de playa en Cartagena (Foto: @martinpaezr)

D 13: ¿Qué fue lo que más te sorprendió de ese país?

La cantidad de lugares hermosos que tiene, la calidad de los artistas callejeros, su biodiversidad, las historias de cada pueblo y amor de la gente. Pero en sí no fue sorpresa porque lo esperaba, siempre me hablaron muy bien de Colombia.

D 13: ¿Cómo tratan a los argentinos en Colombia?

Como dirían acá “una chimba parce”. En verdad nos tienen mucho respeto y admiración en diferentes temas, yo siempre me sentí muy bien recibido y los colombianos son súper buena energía.

D 13: ¿Conociste a otros argentinos o sanjuaninos por ahí?

Los argentinos somos plaga. Estamos en todos lados. Si no me falla la memoria, no creo haber estado en un lugar sin que por lo menos uno sea compatriota. De San Juan uno que otro me crucé.

D 13: ¿Cuál es contexto económico del país?

En verdad no estoy muy al tanto de lo que pasa económicamente en sí. Lo que me parece bastante estable es la economía. Sin lugar a dudas que podría ser mejor, pero con el sueldo mínimo que ganas podés vivir bien y más si sos consciente del gasto.

D 13: ¿Qué cosas son muy diferentes con respecto a la Argentina?

Salvo el idioma todo...comidas, música, clima, e incontables cosas más, tienen una cultura muy linda como cada país creo.

¿Extrañas San Juan?

Extrañarlo en sí, no. Sé que siempre voy a volver, es mi hogar. Lo que si extraño son las semitas.

¿Qué es lo mejor de viajar según tu experiencia?

Creo que la misma pregunta lo resume un poco. ¡La experiencia! Siempre me intrigó lo que hay más allá y un día me animé a viajar y verlo con ojos propios, donde cada camino me enseñó algo valioso y cada experiencia me hizo más sabio. Creo que es totalmente necesario viajar y animarse al mundo.

El duro contexto colombiano tras el estallido social

Estallido social en Medellín Colombia (Foto: Martín Páez)

El sanjuanino vivió en carne propia el levantamiento social en Colombia tras la reforma tributaria que provocó aumento de impuestos y descontento en la clase media. “Me tocó estar justo en Medellín cuando empezaron las marchas. La gente salió a manifestarse por una reforma tributaria que ha sacado el Gobierno y que busca aplicar un IVA a productos de la canasta familiar, el combustible, entre otras cosas”, comentó.

“A la gente no le gustó la decisión. Están también metiendo restricciones. La gente no puede trabajar, aumentan los precios. Por eso salieron a manifestarse y de parte del Gobierno dieron autorización a la Policía de que podían dispararle a la gente y lo están haciendo. Hay gente que está desapareciendo. Más de 300 personas han desaparecido. Aparecieron 37 de las cuales solo 4 testificaron lo que pasó en el secuestro. Hay gente que denunció que los torturaron, como el caso de una chica de Barranquillas. Ella dijo que la torturaron frente al alcalde de Barranquilla. Eso es lo que se dice, pero hay que verificar si es verdad”, relató el sanjuanino.

Protestas en Colombia (Foto: martin.paezr)

Martin expresó su preocupación por esta actual situación que comenzó hace dos semanas y al parecer todavía no tiene un final a la vista. “Están matando gente. Hay toque de queda desde las 20 a las 6. En ese horario es muy peligroso salir a la calle. La policía está reprimiendo y matando gente. Es re duro lo que está pasando. El pueblo está resistiendo, salieron comunidades aborígenes también a manifestarse”, contó.

Esperemos que todo esto sea un cambio positivo y que todas estas muertes no sean en vano porque es duro ver que el Gobierno responde así ante todo lo que están haciendo. Habría que hacerle más caso y cuidar al pueblo antes de matarlo y masacrarlo. Está duro y difícil, pero tiene que haber resistencia y cambiar un poco la cabeza. Y más de estos gobiernos que solo piensan en ellos. Es un poco lo que a mí me está tocando vivir acá. Es duro, pero se sale adelante creo. Luchando se sale adelante”, manifestó.

Una Navida-dark

Una de las anécdotas más raras del viaje para Martin fue para Navidad. El joven contó que la pasó en la casa de un hombre que había conocido en la localidad Salento. Tras terminar su voluntariado en la finca El Danubio, decidió contactarlo para ver si podía conseguir hospedaje por unos días para luego continuar con su viaje. 

“El loco me recibió en su casa. Al tiempito me preguntó si quería laburar con él en una metalúrgica, asique empezamos a trabajar re bien y me empecé a quedar en su casa”, comentó.

“Eso fue en diciembre y llegaba Navidad. Ese día lo pasé con su familia y como yo no lo conocía muy bien no sabía lo que me esperaba. Lo conocía muy poco realmente. Entonces, empieza a llegar su familia y tenía 14 hijos y 3 mujeres”, dijo sorprendido.

Foto: @martin.paezr

Luego, relató una anécdota muy extraña. “Una de sus hermanas era religiosa. Y ellos tienen la tradición en diciembre de matar un chancho y empiezan a asarlo por partes. Y obviamente empezaron a tomar guaro y tomar ron y se enfiestaron. En el transcurso de la noche, me recosté sobre la cama de una habitación y en el cuarto de al lado ingresaron unas hermanas y la madre de este hombre. Al rato, se empiezan a escuchar unos gritos muy raros y a llorar e insultar. Me quedé en shock, me fui para afuera y no entendía nada”, recordó.

Martin explicó que la hermana del hombre que lo había hospedado era una religiosa que le explicó lo que había sucedido. “Dijo que le habían hecho un exorcismo o una limpieza a una de las hermanas porque el ex marido de ella le hizo una brujería. Entonces había que exorcizarla. Un viaje me comí que no entendía nada”, narró.

“Fue una locura. Habré pasado como 20 días en su casa y fue un calvario. Fue la familia más rara que conocí”, aseguró.

“En Colombia son muy religiosos de por sí, pero ya hay muchos extremistas. Me tocó esa secuencia que la viví así. Por un momento re oscura porque venís viajando y vas confiando en la intuición. Pero en esa me falló. No me esperé comerme ese viaje religioso. Los gritos eran re locos, como diabólicos. A los dos días que pasó eso me fui para Medellín”, contó.

Otro viaje no tan fantástico

La experiencia de Colombia no fue la primera aventura para Martín. En 2015 realizó un viaje por el norte argentino y los Estados Andinos de Perú, Ecuador y Bolivia, incluyendo además Chile. En ese entonces, recordó un momento complicado que le tocó atravesar. “Lo peor que me pasó en un viaje fue quedarme ilegal en Perú por dos meses. Cuando me tocaba volver para Argentina, en el cruce de Desaguadero, ya por entrar a Bolivia me pidieron los papeles y no los tenía. Me dijeron que no podía ingresar al país por falta de los mismos, y si no tenía que pagar una multa y yo no contaba con más dinero que para los pasajes de vuelta a San Juan. Asique me devolvieron a Perú”, comentó.

Martín durante su viaje a Machu Picchu en 2015 (Foto: @martin.paezr)

Como si esto fuera poco, cuando arribó nuevamente a Perú, el colectivo en el que se dirigía hacia La Paz (Bolivia) estaba por salir. Desesperado, Martín improvisó una estrategia para intentar cruzar la frontera de alguna manera. “Hablé con el chofer para que me cruzara y volvió a pasa lo mismo, me pidió dinero. Sin otra que hacer le dije que una vez en La Paz le pagaba, pero obviamente no tenía con qué. Se puso en marcha el micro y yo salí corriendo en un costado para pasar la frontera sin que me viera. Así logré cruzar, pero aun así faltaba llegar a La Paz y lidiar con el colectivero lo cual fue una experiencia de las más estresantes”, relató.

“Me bajé del colectivo y tenía que sacar mi mochila de la bodega y ahí me estaba esperando el chofer para recibir su coima. Le insistí en que me diera la mochila lo cual provocó su enojo y una discusión fuerte que llamó la atención de varios. El chofer se sintió muy observado y no le gustó para nada y me dejó ir con mi mochila, pero no sin antes decirme que iba a buscar a la policía migratoria. Salí lo antes posible de embarque para sacar un pasaje para Argentina y que no me agarraran los de migración. Por suerte conseguí salir 15 minutos después de comprar un pasaje a la Quiaca donde está la frontera Bolivia – Argentina”, recordó el joven.

Sin embargo, la tensión no cesaba para el sanjuanino. “En mi mente sabía que cuando llegara a la Argentina me iban a pedir sellos migratorios que no tenía, pero también iba un poco más tranquilo sabiendo que estaba más cerca. Cuando llegué a la frontera con Argentina se me ocurrió decir que había cruzado a Bolivia para comprar regalos y que no hice ningún papel porque entraba y salía solo por ese motivo. Tuve suerte de que me creyera el militar argentino que me dejó pasar. En ese momento al leer un cartel “Bienvenido a la República Argentina” se me cayeron un par de lágrimas por todo lo estresante que viví”, reveló.