OPINIÓN

Pandemia mata política

A dos sábados del Día de la Lealtad, hay peronistas que quieren salir a las calles. El gobierno implora buena conducta y respeto por el distanciamiento social.
jueves, 8 de octubre de 2020 · 10:19

Salir o no salir, esa es la cuestión. La autoridad sanitaria tanto a nivel nacional como a nivel provincial renovó el pedido de extremar los cuidados para reducir el contagio de Coronavirus. Pero la proximidad de una fecha clave pondrá a prueba nuevamente al oficialismo. En dos sábados, llegará el Día de la Lealtad y los peronistas se debaten internamente acerca de militar desde el teclado o finalmente desahogarse y ganar la calle.

Ese es el punto crítico. Ganar la calle se convirtió en el telón de fondo de la grieta durante la pandemia. El ex senador Ruperto Godoy dijo el pasado martes en Paren las Rotativas que la oposición ha sido irresponsable y ha buscado multiplicar los contagios, cada vez que convocó a concentraciones en la vía pública, con quema de barbijos incluida. Por ese mismo motivo el gobierno no puede impulsar una aglomeración peronista hasta que la pandemia no se haya retirado.

Viniendo de Godoy, uno de los referentes ultra-k de San Juan, el llamado a quedarse en casa habrá sonado como un martillazo para los miles de militantes que esperan el menor guiño para tapizar las plazas y las avenidas con consignas de respaldo a la fórmula Fernández-Fernández. Desde Nación se está impulsando un acto virtual vía Zoom o plataforma similar, que sea capaz de batir un récord mundial, con un millón de asistentes. Será noticia si se alcanza. Pero la tecnología vestirá de frialdad una fecha tan cara para la génesis justicialista.

No habrá bombos. No habrá carteles. No habrá cánticos. No habrá colectivos ni choris. Será algo así como la versión del fútbol sin público en las tribunas, con un sonidista que pone play cada vez que algún jugador marca un gol, para que suene por los altoparlantes el grito grabado en otras épocas sin Covid-19. Es fútbol descafeinado, dicen los amantes del deporte. Para los apasionados de la política, seguramente un 17 de octubre por pantallita también será bajo en calorías.

Lealtad. "Las patas en la fuente", una de las imágenes clásicas del 17 de octubre de 1945.

Por redes sociales, algunos militantes peronistas sanjuaninos intentaron una convocatoria paralela a la que está haciendo institucionalmente el partido, tanto a nivel provincial como nacional. Propusieron desde marchar con distancia social suficiente hasta salir en caravana cada uno en su propio vehículo. Claramente lo que intentan es compensar las expresiones de los autoconvocados, visibilizar que el gobierno que ha recibido tantos embates también tiene aguante. Pero el desahogo tendrá que esperar.

La visita del presidente Alberto Fernández a San Juan el 15 de septiembre dejó nada menos que 9.000 millones de pesos por fuera de presupuesto para obras y programas. Dejó también una catarata de mensajes políticos de respaldo y empatía con la provincia. Pero el amontonamiento de seguidores con banderas de movimientos y sindicatos en las puertas del Centro Cívico sirvió para que -con razón- muchos le facturen al gobierno la falta de coherencia. Si estuvo mal cada vez que la oposición volcó gente a las calles, también estuvo mal el oficialismo. Así de básico, así de obvio.

Ganar la calle es la madre de todas las batallas porque tiene un valor simbólico. Refuerza el sentimiento de multitud. De mayoría. La mayor conquista de los autoconvocados, con el explícito acompañamiento del PRO y una parte de la UCR, fue proyectarse en los medios de comunicación como "la gente". Tomaron la bandera argentina y la convirtieron momentáneamente en una pancarta de protesta contra el gobierno de Alberto. Si son minoría, no se sabe. Ni siquiera importa. Igualmente se llevaron las tapas de los diarios de mayor circulación e insumieron muchas horas en las programaciones de los mal llamados medios nacionales.

Esa pelea es la que tensa la cuerda y la que detona un debate interno en el peronismo que no está resuelto. La conducción orgánica está implorando a la militancia que el Día de la Lealtad permanezca en su domicilio, acompañando con un click, convirtiendo el asunto en tendencia y esas cosas de las redes sociales tan fáciles de torcer con mano de obra trollera. Frente a esa propuesta tecnológica, sigue el germen del desacato, ese que tienta las pasiones e invita a movilizarse hombro con hombro. Nada más lejos del distanciamiento social.

El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, pasó este miércoles por la Cámara de Senadores y se refirió a la "doble crisis" que atraviesa la Argentina, en referencia al Coronavirus y a la economía. Pudo haberse quedado corto, porque también el país está sorteando una crisis política, tan visible como la renuncia intempestiva de la embajadora en Rusia, Alicia Castro, disconforme con el voto argentino contra Venezuela en la ONU. Es y fue una dirigente cristinista de la primera hora.

Frente a esta tempestad, hace un par de semanas el gobernador Sergio Uñac llamó a los intendentes más cercanos para pedirles retomar la iniciativa política, con mucho despliegue territorial, con mucho contacto cara a cara con los vecinos, escuchando las quejas y ofreciendo soluciones. Es la versión uñaquista de salir a ganar la calle, desde una perspectiva municipalista. En ningún lugar encaja una aglomeración, que ya le trajo un dolor de cabeza al pocitano y hasta tuvo que hacer un mea culpa por no haber contenido mejor a la tropa.

Mientras la Jefa de Epidemiología, Mónica Jofré, sigue predicando protocolos y apelando a la responsabilidad social, el peronismo se enfrenta a un reto ideológico. Bancar al gobierno esta vez tendrá una cuota menos de mística. Pandemia mata política.


JAQUE MATE

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